26/5/08

CARTA A CUBA

Por Midiala Rosales Rosa

Cuba, no les creas a quienes dicen amarte y se hacen cómplices en tu suelo con los ultrajes que no admiten en sus patrias. A los que te quieren como un faro, aunque no conduzca a ninguna parte.No les creas, Cuba, a quienes admiran tu decrepitud de otros siglos y contemplan encantados, desde la lente de sus cámaras fotográficas, tus calles heridas, tus edificios derruidos, tus autos de otra época, tus falsos atardeceres apacibles retocados por estafadores para los amantes de las postales.
No les creas a aquellos que alaban la alegría de tus hijos, sin reconocer la desesperación y la tristeza que esconden sus sonrisas, la incertidumbre y la angustia por un pasado que hipotecaron, confiados en la garantía de un futuro que ya nunca llegará.No les creas, Cuba, a quienes admiran tu miseria, mientras disfrutan en sus países las comodidades de una vida moderna. No les creas a quienes dicen amar a tus bellas mujeres y después las compran baratas en tus calles, alabándolas por su cultura.
No les creas, Cuba, a aquellos que no quieren enterarse de que tus hijos no pueden hospedarse en tus hoteles, viajar fuera de tus límites de agua, navegar en tus playas, volar en tu cielo.
No les creas a quienes pregonan que eres el mejor país del mundo, pero te soportan sólo por unas semanas durante el tiempo de verano, con los suficientes dólares en sus carteras para costear tus lujos exclusivos para extranjeros.
No les creas, Cuba querida, porque tú mejor que nadie sabes que ninguno ha escogido sufrirte en tiempos de huracanes, con tu moneda nacional y tus miserias cotidianas. Son charlatanes y están de paso: no te conocen ni te sienten, ni te han sufrido más que en sus fantasías ideológicas, ni te necesitan más que para sus desafueros, para la diversión y la juerga, como los infieles a sus amantes.
Pobre de ti, Cuba, si les crees a quienes se autoproclaman amantes de la libertad y se arrogan el derecho de alabarte en tus plazas con discursos altruistas, mientras tus hijos son condenados al silencio de una celda oscura.
Y salva, Cuba amada, a los que están en el mar desamparados. Sálvalos de la cólera de las aguas. Envíales tu Virgen para que los guíe a tierra firme. Mantenlos a flote con la más compasiva de tus olas. Están a la deriva y no entienden que mañana probablemente serán una estadística en las planas de los periódicos. Cabalgan sobre las aguas ilusionados, sin saber que en ninguna orilla encontrarán la libertad total ni la riqueza perfecta. No entienden que la estrella de la Libertad se apagó el día en que tus hijos comenzaron a mirarse con desconfianza, a temerse y a matarse los unos a los otros.
Y nunca, Cuba, vuelvas a permitir que alguien grite Revolución y decrete por ley tu inmovilidad. ¡Como si fuera posible hacer que se inmovilizaran tus vientos huracanados! ¡Como si la inmovilidad de cualquier cosa, de la misma piedra aparentemente inmóvil, fuera posible sin ser un crimen contra la naturaleza! ¡Tú, que más bien parecieras una gran balsa flotante sobre la corriente inmensa del océano! Declararte inmóvil es declararte muerta y eso, Cuba, nunca sucederá.
No les creas, Cuba, a los que tienen miedo. Perdónalos, pero no les creas. Y cuídate de ellos, porque tú mejor que nadie sabes lo peligroso que son los hombres cuando tienen miedo.
Perdónanos, Cuba. Perdóname. Y no olvides nunca el daño que te hemos hecho con nuestros silencios, complicidades y arrepentimientos.
Perdónanos por haber dicho sí cuando debimos decir no, por decir no cuando debimos callarnos. Perdona a los que te abandonaron y también a los que permanecieron junto a ti.
Perdona a quienes contemplan indiferentes la enfermedad que te corroe.
Perdona a los que vuelven estériles tus suelos, ensangrientan tus aguas,
arrasan tus bosques, trafican y malgastan tu riqueza.
Perdona a aquellos, hijos tuyos también, que se ensañaron con sus hermanos, estigmatizándolos y expulsándolos de sus casas, de sus vidas, de ti.
Perdona a los que esperan en la sombra la hora de la venganza.
Perdona a tus hijos, Caín y Abel, porque nacieron ambos del fruto de tu vientre. Y ruega con toda tu fuerza para que desistan de sus crímenes.
Hazles saber, Madre Nuestra, que todos tenemos derecho a una vida mejor, en libertad, bajo la sombra apacible de tus palmeras.

3 comentarios:

Rosa dijo...

Perdonarnos, seguro que ella nos perdona, pero nos perdonaremos nosotros mismos alguna vez?

MIDIALA ROSALES dijo...

Rosa, nosotros quizas nos perdonemos, los que vengan despues, seguro nos juzgaran muy duro.

Maria Tenerife dijo...

Es todo un privilegio ver a gente tan valiente, que se enfrentan al mundo sin caretas, me ha emocionado profundamente este escrito, gracias por hacerme sentir viva, por ver que hay gente con coraje y una enorme sensibidad, pero tienes razon os juzgaran duro porque es mas peligrosa la ignorancia que la malda, todavia me acuerdo cuando en la Habana me decian que Celia Cruz era terrorista y ponia bombas, es alucinante ver como tanta gente de paises tan progres y viviendo como burgueses estan tan a favor de dictadores, VIVA LA LIBERTAD, gracias por compartirlo.Gracias