27/5/09

JAIME BAYLY: ¿UN CANALLA SIN SENTIMIENTOS?


Jaime Bayly hablaba casi todas las noches y hasta hace poco, en su programa del canal Mega TV, de su madre cubana. Una señora que iba a verlo siempre en vivo al estudio, le enviaba regalos y lo llenaba de mimos y cuidados que él agradecía y resaltaba en público. Pero el domingo, leyendo la columna que escribe Bayly en el Nuevo Herald, me di cuenta que Bayly había decidido matar a su madre cubana, sacarla de su vida, deshacerse de ella porque, al parecer, -y estas son mis conclusiones- la señora se había fanatizado y había invadido demasiado la privacidad de Jaime Bayly. Y Bayly se había hartado. No el escritor o el personaje de la televisión, si no el hombre real.
Hace unos días encontré en internet un escrito sobre las maquilladoras, donde Bayly cuenta su relación de trabajo con Moraima, o La Mora, una maquiladora que trabajó durante varios años en Mega TV y a quien despidieron hace unos meses, así como su relación con otra chica que también lo maquilló en Mega, Odalys, y que fue asesinada por su esposo.
Leyendo la columna, que fue publicada en Perú, recordé las ocasiones en que La Mora -a quien conocí también trabajando en Mega y que también fue durante el año que estuve como panelista del programa Paparazzi, mi maquilladora-, me había comentado, de modo casual, su incipiente "amistad" con Bayly, como habían ido a almorzar un par de veces, sus conversaciones con él mientras lo maquillaba antes de que él saliera al show, los consejos que ella le daba, etc. Mora le había cogido afecto a Bayly y siempre me decía que él era como un niño, malcriado y con miedo de todo y de todos.
Así que cuando leí el escrito de Bayly donde este contaba todo sobre la Mora, sobre su hijo Rey David y gran parte de la historia que seguramente la Mora compartió en calidad de “amiga” con él, me puse a pensar que era peligroso ser amigo de Bayly, pues al parecer su imaginación era tan escasa que había optado por ganarse la vida escribiendo las historias que las personas a su alrededor le confiaban, escribiendo en Perú las cosas que le sucedían en Miami, y en Miami, lo que le sucedía en Perú o España, según su conveniencia.
Cuando llamé a la Mora y le comenté que había leído por casualidad el escrito de Las Maquilladoras, ella, en vez de mostrarse contenta, me dijo que en realidad el escrito le había disgustado un poco porque Bayly comentaba en ese texto que ella tenía olor a tabaco en la boca. Y cito del escrito el extracto en cuestión:


Extraño a La Mora hablándome con orgullo de lo listo y aplicado que le ha salido su Rey David, mientras yo siento el olor a tabaco que emana de sus labios voluptuosos.

Es sabido que la literatura se nutre de la realidad, de los acontecimientos, de las experiencias que vive el escritor y, en muchos casos, los personajes son creados a partir de personas reales, amigos, familiares, conocidos. No sabremos nunca si Madame Bovary salió totalmente de la imaginación de su autor, Gustave Flaubert, o si la historia se la contó al escritor una amiguita adúltera que se tomaba el café con él todos los días en el París de aquella época.
En todo caso, Madame Bovary no es un sólo un chisme de pasillo que alguien le contó a Flaubert en un momento de confidencias.
Sí, es cierto que el arte se nutre de la realidad, y es verdad que a veces, puede hasta calcarla, porque la realidad es muchas veces más inverosímil y literaria que cualquier fantasía, pero incluso cuando copia la realidad, el arte también añade, enriquece, engrandece y convierte esas historias en algo más. Y ese algo más es lo que convierte en arte la experiencia real, que puede terminar siendo novela, cuento, pintura, escultura, fotografía, poesía o artesanía. Y ahí juega un papel determinante el talento del creador, quien debiera mejor llamarse re-creador. Y esa es la diferencia entre un escritor y la vieja chismosa que cuenta la vida de sus vecinos.

En la columna del domingo, en el Nuevo Herald, Jaime escribe sobre “su madre cubana”:

Todos los lunes y viernes Talía me esperaba en el estudio una hora antes de que comenzara el programa, y apenas terminaba se me acercaba y me daba una bolsa llena de comida. Yo nunca le pedí nada, pero ella decía que era feliz comprándome comida. Me traía tantas cosas que no alcanzaba el tiempo para comérmelas todas. No me preguntaba qué me gustaba, ella elegía por mí. No faltaban nunca el salmón ahumado, el queso cremoso, las tostadas, la tortilla española, los sánguches de miga, las sopas de pollo que se derramaban en la camioneta, frutas exóticas, chocolates, pirulines, caramelos de menta, sales digestivas, laxantes y boletos de la lotería. No sé por qué, Talía deslizaba siempre, entre las bolsas de comida, boletos de la lotería que se jugaba el sábado.
Yo le agradecía y tiraba a la basura casi todo lo que me regalaba.
También me traía regalos muy lindos para mis hijas (vestidos, joyas, perfumes), que yo llevaba a Lima y les entregaba como si fueran regalos míos, sin mencionar a esa extraña señora que había decidido ser mi madre.

¿Es ético escribir algo tan horrible sobre personas que confiaron en su amistad y le contaron a Bayly sus vidas, sus problemas, sus sueños y sus frustraciones en un momento de intimidad, cuando pensaron, no que terminarían en la columna del escritor, sino que estaban cimentando una amistad que, en realidad, nunca existió?

Le expresé mis preocupaciones a una amiga escritora y ella tuvo una idea muy buena: se debería legalizar el derecho de autor por inspiración. Un derecho de autor que las personas podríamos reclamar cuando algún escritor carente de imaginación escribiera sobre nuestras vidas sin nuestro consentimiento. Así, las personas afectadas por el bochorno público de ver sus historias expuestas con todos los santos y señas, tendrían al menos el consuelo de ganar algo por haber tenido la ingenuidad de confiar en vampiros existenciales disfrazados de escritores.

¿Tendrá Bayly remordimientos cuando se sienta a escribir y expone de esa manera cruel a conocidos, amigos o fanáticos devotos y equivocados que lo adoran y confiaron en él? ¿O será tan mezquino que se divierte contando públicamente las historias de personas que lo creyeron, más que escritor, amigo?

Hace unas horas encontré una columna escrita por Bayly, y que él tituló El Escritor Mediocre.
Quizás en las mismas palabras de su autor podamos encontrar la respuesta:

El escritor se ha resignado a salir en la televisión todas las noches porque sabe que carece de talento para ganar con sus libros el mismo dinero que gana en la televisión y porque sabe que carece de coraje para vivir pobremente, como viven o vivieron algunos escritores que admira. La televisión es entonces una derrota moral para el escritor, el recuerdo permanente de su mediocridad. Lo que otros perciben como un éxito personal (lo que otros incluso le envidian) resulta para él un fracaso abrumador del que ya no tiene esperanzas de recuperarse, después de haber publicado diez novelas.
Parece claro, o al menos parece claro para él mismo, que el escritor no es ni será un artista, y que las razones o emociones turbulentas que lo precipitan a escribir son el instinto de supervivencia y la sed de venganza, de lo que podría concluirse (aunque esto es siempre debatible) que, además de ser un escritor mediocre, es una mala persona…

¿Qué más se puede agregar? Sigo pensando que es muy, pero muy peligroso, ser amigo de Jaime Bayly.


Les dejo el link de los dos escritos de Bayly, Las Maquilladoras, y Morir en Sus Brazos.

http://jaime-bayly.com/wp/?p=62 (Las Maquilladoras)

http://www.elnuevoherald.com/187/story/457616.html (Morir en sus Brazos)


Foto: Rosana Lopez-Cuba

5 comentarios:

In Fraganti Magazine dijo...

Midiala te felicito, excelente artículo!!!!!!!!!!!!!! Me encantó.
Graciela

Anónimo dijo...

Después de leer estas líneas no hay por qué temer al afirmar que el problema para quienes equivocadamente creen llamarse escritores, que definitivamente no lo son, o a quienes de manera errónea los denominan con ese título que les queda demasiado grande, es que buscan protagonismo y reconocimiento debido a su falta de carácter y personalidad, pero lo hacen hipócritamente y por la vía falsa, sin importarles el perjuicio, el vituperio, la deslealtad y tantas otras indignaciones que causan inclusive en quienes depositan en ellos toda su confianza y que les llenan de profunda admiración, a veces hasta lo logran durante un periodo que se torna relativamente generoso para ellos y que suena injusto; pero lo que no alcanzan a percibir por su ineptitud característica es que su mal llamada habilidad les conduce hacia el camino del olvido y terminan sumidos en el abandono...

In Fraganti Magazine dijo...

EL ARTICULO ES BUENO, CREO QUE PONES A EL ALCANCE DE TUS LECTORES EL ANÁLISIS QUE HAS HECHO DESPUÉS DE ENTERARTE COMO ES LA PERSONALIDAD DE UN INDIVIDUO QUE SOLAMENTE CON LEER DOS LÍNEAS DE SUS ARTÍCULOS DOMINICALES EN EL NUEVO HERALD TE DAS CUENTA QUIEN ES (Y TE ASEGURO NO HAY QUE SER MUY INTELIGENTE PARA NOTARLO). HASTA ESE PUNTO ESTOY DE ACUERDO CON TU ESCRITO Y, REPITO, ME PARECE BUENO; PERO CON RELACIÓN AL TITULO ME HACE SENTIR UN SABOR AMARGO Y UN RECUERDO TRISTE DE CUANDO SALIMOS DE MEGATV TANTO GRACIELA COMO YO. ESTO LO DIGO PORQUE YO TAMBIÉN SENTÍ UNA CANALLADA SIN SENTIMIENTO SOBRE MIS HOMBROS DE QUIENES LE DI MI MANO Y AYUDE CON TODA HONESTIDAD. Y PARODIANDO A NICOLÁS GUILLEN AL FINAL DE SU POEMA "QUIEN HA DICHO QUE SOY UN HOMBRE PURO" DIRÍA: PUNTO, FECHA Y FIRMA, ASÍ LO DEJO ESCRITO.
HASTA QUE POR CASUALIDAD TE LEA OTRAS VEZ Y QUE DIOS TE BENDIGA Y TE PERDONE.
FERNANDO CASTELLS

MIDIALA ROSALES dijo...

Graciela y Fernando, gracias a los dos por pasarse por mi blog. Siempre he pensado que las discrepancias personales no deben de minar el respeto como profesionales.
Y como dice Fernando, si, es cierto, Dios - o quien sea, fuerza divina, kharma, o el Senor Desconocido, como dice una amiga- tendra que perdonarme muchas cosas en esta vida, pero seguramente no las que tu, Fernando, crees.
Esa, tendra que perdonarselas a OTRO, que nosotros, desgraciadamente conocemos muy bien.
Saludos
Midiala

Katana dijo...

Midiala, me has dejado fría, me leí los dos artículos. Siempre he pensando que a Bayly, si algo lo caracteriza es el desparpajo, -lo que no es completamente negativo en un escritor-, y no te digo rebelde, o iconoclasta, sino desparpajado, que no es irreverencia, sino un tipo de insolencia que roza la falta de ética. No le critico que ventile su vida privada y la convierta en objeto de interés público para ganarse la vida. Y siempre he justificado su actitud porque se trata de su propia vida, y en definitivas nunca sabremos donde termina la realidad y donde comienza la fábula, en todo caso él también es libre de decidir lo que muestra y lo que esconde de esa vida, que es la suya y la de nadie más, y si la mega se lo paga, a quien Dios se lo dio San Pedro se lo bendiga, pero evidentemente eso no lo autoriza a convertir en públicos los sentimientos mas íntimos de una señora que, ciertamente, no debe estar en pleno ejercicio de sus facultades mentales, y precísamente por ello, hay que tener límites. El podrá ser más o menos genuino, más o menos escritor, pero no es ningún tonto, y sabe lo que hiere y lo que lacera, y también sabe lo que constituye un abuso de poder, porque la señora no tiene un programa de televisión y mucho menos una columna en El Herald para decir lo contrario.