16/7/09

A PRISA ANDAMOS, PARA LLEGAR A NINGUNA PARTE



Me he enterado recientemente de que al vocabulario de nuestros malestares se ha agregado un nuevo término: time-sickness, la percepción obsesiva de que el tiempo se desvanece, las horas extra ya no bastan y es necesario pedalear cada vez más rápido para seguir (no se sabe hacia dónde, no se sabe por qué). Un nuevo mal para este milenio lleno de males nuevos, que podría llamarse también Síndrome del Conejo Blanco o Síndrome de Benjamin (en honor a Franklin, ese hombre infatigable y presuroso, que además de haber sido uno de los padres de Estados Unidos, inventó el pararrayos, negoció tratados con las confederaciones indias, formó una milicia para construir fuertes fronterizos, fundó la primera compañía de seguros, el primer cuerpo de bomberos y el primer periódico independiente y dibujó la primera caricatura política de su país, y después de todo eso aún le quedó tiempo, tal vez porque dormía menos de seis horas diarias y vivía bajo un horario estrictamente reglamentado, de configurar la ética del trabajo que dominaría al mundo por los siglos venideros, en libros como The Way to Wealth, donde apuntó: “¡Pero cuánto tiempo desperdiciamos en dormir!”) En fin, no es extraño que en Estados Unidos, la patria de la velocidad, el malestar del cronómetro se haya convertido en pandemia, según las estadísticas proporcionadas por el doctor Larry Dossey, quien acuñó el término time-sickness en 1982, después de haber padecido él mismo los efectos de nuestro orgulloso mundo de titanes. Ahora la pandemia se extiende no sólo en Occidente, sino en países orientales que habían vivido históricamente bajo la sabia filosofía de la holganza, como China. En la medida en que la sofisticación tecnológica y la economía global se han vuelto inescapables no hay fábrica u oficina en Taipei o Bangalore que no se haya contagiado finalmente de la angustia del tictac. Faxes, celulares, alarmas digitales, bippers, ringers, timers, esta es la imparable producción de artefactos que no dejan de invitarnos a orar: “¡Oh, Dios mío, voy a llegar tarde!”, esa nueva Liturgia de las Horas.
Hay un ascetismo de la velocidad que consiste en la renuncia radical al goce de la vida. Se trata del mismo ascetismo del trabajo externo (iba a escribir: extremo) que describió Marx: una labor penosa que enajena al hombre, mortifica su cuerpo y menoscaba su personalidad. Si bajo la estructura de la jornada de trabajo el tiempo ya no nos pertenece sino que le pertenecemos a él, cuánto peor si esa jornada se prolonga indefinidamente y nos sigue a todas partes con trabajo que se lleva a casa, notas que se toman durante el viaje, llamadas que no cesan a la hora de comer. El ascetismo de la velocidad es sacrificio del tiempo propio (el tiempo del sueño y la conversación, del amor y el cuerpo, de la contemplación y de todo lo que sirve al placer de la gente libre), por tiempo ganado (el tiempo de los negocios). Ahorrar tiempo es ganar tiempo, y si el tiempo es oro, el que lo ahorra y lo gana se enriquece. Y dado que nuestra época ha obedecido como nunca a la exhortación de hacer dinero, se considera legítimo y hasta admirable desaparecer la sobremesa y convertir el restaurante en extensión de la oficina. Eso me recuerda aquella frase de Johann Kasper Lavater, padre de la fisiognomía y eclesiástico de la iglesia reformada, según la cual ni siquiera en el cielo “podemos conocer la bienaventuranza sin tener una ocupación”. En otras palabras: el paraíso ya no es el ocio (esa forma de perder el tiempo, según Franklin); el paraíso es el trabajo mismo. En eso consistió, entre otras cosas, la gran reforma de la iglesia: en poner al cielo y al infierno de cabeza. Porque sólo el surgimiento de un nuevo mito, el mito de la salvación por el trabajo, podría revertir en el hombre su íntimo rechazo al yugo, su tendencia natural a holgazanear. De vivir en esta época, en que millones de hombres y mujeres ponen en peligro su vida y destrozan sus propios nervios por trabajar sin descanso y llenarse de ocupaciones en la playa, probablemente Lavater se sentiría en la gloria. Todos esos hombres y mujeres se han convertido, sin saberlo siquiera, en los mártires modernos de la ética protestante, para la cual el trabajo más que una necesidad, es un llamado, el sentido último de la existencia. ¿Quién entre estos ascetas entregados a la sagrada causa laboral se opondría hoy a una nueva reforma: la abolición del domingo? (En Francia los jubilados hacen marchas cada vez que se pretende reducir la edad para el retiro, porque una vez que el trabajo se convirtió en el sustituto de la vida, el retiro adquirió la forma de una muerte prematura.) Si, como escribió Weber, el espíritu del capitalismo encontró en la ética protestante su justificación esencialmente religiosa, con la velocidad descubrió algo más: una forma de éxtasis secular, una adicción (“el único vicio nuevo”, lo llamaría el escritor francés, amante de los desplazamientos y los viajes, Paul Morand).
En el camino de la autoinmolación, al time-sickness sigue el burnout: el cansancio de todos los cansancios, el último cansancio, después del cual sólo queda un gran vacío. Ningún afán ya, las manos ya no toman nada. Suena el teléfono, nadie responde. El burnout es la postración de un sistema nervioso exhausto, una resaca por sobredosis de eficiencia. Síndrome de Agotamiento Profesional. Sus efectos están más allá de la fatiga física, los dolores de cabeza, las úlceras, los insomnios, las irritabilidades. El burnout es el preludio de la muerte del alma, el alto precio que pagan los soldados del deber, fustigados por un reloj tiránico (cada vez más horas, cada vez más rápido, “casi bien no es suficiente”). El cuerpo cansado es un cuerpo que se rebela, un cuerpo que ha hecho el paro y defiende su derecho natural a reposar. A través del agotamiento, el tiempo biológico intenta imponerle un compás distinto al hombre del tiempo frenético; le dice: “Detente...” Pero el burnout es una alarma tocada a destiempo, cuando el corredor ya se ha desfondado, se ha deshumanizado hasta convertirse en un autómata, un extraño de sí mismo. Lo que sigue parece más bien un freno inútil, un freno después de la catástrofe. Ansiolíticos para ralentizar un cuerpo inerte. Y entonces los médicos aconsejan un “régimen de ocio” que devuelva la vida al paciente: conversar con los amigos, ir al cine, beber una copa de vino de vez en cuando, jugar con los hijos, ensayar una nueva gimnasia amorosa, apagar el celular. Como han dejado de ser hombres, los soldados de la eficiencia requieren que sean otros quienes les recuerden que lo son. Algo semejante advirtió Séneca sobre el hombre ocupado, un personaje anómalo en la cultura latina: “¡Pensar que existe gente que tiene que confiar en otro para saber si está sentada! Un hombre así no es un ocioso, hay que darle otro nombre: es un enfermo, más aún, es un muerto. Es ocioso aquel que tiene la sensación de su propio ocio. Y vivo a medias el que necesita un indicio para darse cuenta de los hábitos de su propio cuerpo. ¿Cómo puede éste ser dueño de tiempo alguno?”

10/7/09

BUIKA: UNA ESTRELLA EN MIAMI

Ayer pasó una estrella por Miami y, gracias al Señor Desconocido –como dice mi Luna- me enteré a tiempo y compré una entrada para verla. Ayer le fui infiel a mi LUNA, porque quería disfrutar a BUIKA sola, tenerla para mí y quedarme con ella un rato. No tenía ganas de miradas cómplices, de manitos cogidas, porque compartirla me iba a quitar la intensidad que el momento merecía. Y tuve razón. El encuentro con BUIKA anoche en el Guzman Center, en el Downtown de Miami ha sido de lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, musicalmente hablando. Y bueno, mientras estaba allí, maravillada, riéndome, llorando, escuchando aquella negra desgarrada y tierna que me recordaba por momento a Whoopi Golberg en El Color Púrpura y viendo a los hombres a mi alrededor secarse las lágrimas disimuladamente, escuchando a la gente gritarle “guapa, te amamos”, etc, pensé en hacerle un artículo que estuviera lleno de palabras como estrella, corazón, alma, a la luz de las velas, sopita caliente, entrañas, inmensidad, y …bla, bla, bla. Pero hoy encontré una vieja entrevista que Buika le concedió al diario El País y decidí mejor ponerla íntegra aquí y que sea Buika la que hable de sí misma. Ahí se las dejo. Que la disfruten. Y por favor, si conocen a alguien como ella, aquí en esta ciudad, díganle que me escriba, o que me llame. Y los demás, que se vayan al carajo.
ENTREVISTA:
Su padre es escritor, poeta. ¿Le viene de ahí la vertiente artística?
Mi papá se fue hace muchos años. Nos abandonó. Él se imaginaba un mundo mucho más grande del que estaba viviendo. Creo que es lícito.

¿No dio ninguna explicación al marcharse
No hacía falta. Supongo que a mi mamá sí le habría ayudado, porque se marchó como no se tiene que marchar alguien. Se fue yendo a comprar no sé qué y no volvió más. Eso te deja muchas dudas. Era un idealista y un intelectual, además de subversivo. En un país como Guinea Ecuatorial, estaba perseguidísimo. A mi padre le buscaban por la lucha política. Y no sabíamos si estaba vivo o muerto. La verdad era que, simplemente, se marchó.

¿Qué edad tenía usted cuando eso ocurrió? ¿Le marcaría para siempre?
Yo tenía nueve años y me da igual que se haya ido.

¿A una niña de nueve años le da igual que su padre la abandone?
Sí. Nos darían igual muchas cosas si no fuera porque nos obligan a sufrir. Pero yo es una historia que no tengo. Aquí gusta mucho el tinte trágico, melancólico de las cosas, pero a mí me parece muy aburrido y no me gusta. Mi papá se fue y a mí me dio igual. La verdad es que yo estaba muy contenta. En un intento de educarlos, era muy totalitario y muy violento con sus hijos. Intentando que sus hijos no salieran dictadores, él se convirtió en uno ferocísimo.

¿Ha vuelto a verle?
Nunca. Pero el hombre ahora intenta volver. Y mi madre, desde que descubrió lo que es vivir en paz con uno mismo, está tan a gusto que pasa de él.
¿Cómo es la vida sentimental de Concha Buika?
Estuve casada con el padre de mi hijo y luego conocimos a nuestra mujer, África (ex cantante del grupo Mojo Project), y estuvimos en un trío.

Y eso, ¿cómo se gestiona?
Yo, que estoy como una cabra y no me creo las tonterías que se inventan los demás para hacernos creer que somos de una manera o de otra. Una institución como la Iglesia no puede decirme cómo soy. Que el matrimonio es de dos se lo inventó un tío, y como yo soy una tía, me invento que es de tres. Bueno, ¿y qué? Pues me caso. Se trata de arrimarse al querer antes que proclamarse en lo de la familia monoparental y esas cosas que nos venden.
Lo de las tres bandas será un poco complicado, ¿no? No es algo, digamos, convencional.
En una estructura social como la de hoy en día, un matrimonio a trío es lo más cómodo, coherente y emocionalmente divertido que yo he encontrado.

¿Dónde conoció a su marido?
Lo conocí en Mallorca. Es músico como yo. Es medio peruano y medio español. Fue un flechazo. Aunque no sé si fue algo más racional. A veces he pensado que fue el instinto biológico de ser madre. No lo sé. No lo tengo claro.

¿Continúa con él?
No. Terminó. Pero soy una persona a la que no le cuesta vivir las relaciones y tampoco me cuesta asimilar que se acaban. Me parece fascinante disfrutar del amor, disfrutar del desamor, disfrutar de un nuevo amor, de ése, de la otra y del de más allá. Aquí hemos venido a jugar al juego de estar vivos. Es ridículo ver a una persona dirigirse a estar viva con miedo o a morir con miedo. Es tonto. Que hubiera nacido perro o pájaro entonces. Si me han hecho humana, disfruto de ser humana. De perder, de ganar, de todo. No me parece que haya que introducir el concepto de culpa en ello como lo hacemos. ¿Qué culpa? Si no somos culpables de ser como somos. ¡Es terrible la culpa maldita en España, coño!

Pero, ¿cómo se forja una relación a trío?
Yo, que soy maquiavélica. Si las cosas no existen, pues tú te las inventas y las vuelves de verdad. Yo conocí a África de una forma muy bestia. Me la encontré y lo primero que hice fue agarrarla de la mano y llevarla a casa. Si yo veo una cosa tan bonita lo que quiero es que la persona que más quiero también la pueda disfrutar. ¿Por qué lo voy a esconder? Escondes lo malo, pero no es malo ver a una persona maravillosa y dejarte llevar. La llevé a casa y se la presenté a mi marido y le dije que estaba apasionadísima con esa chavala y le pedí por favor que la conociera. Tuvimos nuestro proceso de conocernos los cuatro, porque estaba también mi niño por medio. Y la verdad es que nos lo pasamos muy bien, fue muy divertido todo.

¿Cuánto tiempo duró?
Dos años. Dos años maravillosos. Nos casamos los tres, y todo, en Cádiz. En una boda preciosa. Lo hicimos como una ceremonia. A mí me interesa que me case quien va a ser feliz de verme feliz y no alguien a la que le da igual. Para mí, los contratos matrimoniales sólo sirven para generar economía. Me he casado unas cuantas veces y me pienso casar 800.000 veces más. Las que haga falta. Con la misma, con otro, con ésta, con quien sea. Pero yo me voy a casar mil veces más. Y si tiene que ser con la misma, con la misma.

Vamos, que usted reivindica el trío o el cuarteto o el quinteto…
Yo soy partidaria de que uno pueda casarse con quien le dé la gana. Pero es cierto que hay un sector de la sociedad que lo ve desde el lado de que eso conlleva una serie de cambios estructurales y se han encargado de que la farsa siga funcionando. Nosotros lo que vivimos es el rollo del amor. A mí me viene perfecto que no se legalice el matrimonio a tres bandas, me da igual. Yo no necesito que me reconozcan la capacidad para casarme. Yo ya lo he hecho y también me separé.

¿Por qué no funcionó?

Porque se establecía, de repente, la individualidad. Sigo creyendo en el trío y siempre creeré en el trío. Principalmente porque no es la primera ni la última vez que lo he visto. El trío es un concepto de vida, no es una manera de hacerlo. Eso ya lo pensaréis entre los tres. La cuestión es que yo no necesito convivir con mi marido y con mi esposa. Necesito amarles. Necesito convivir con sus ilusiones, sus deseos, pero no con sus cuerpos. Creo que realmente la vida de uno, como me dijo mi chica una vez, ya cansa lo suficiente como para tener que echarte a la espalda la vida de otra persona. A mí es que me gusta mucho mi mujer. Me gusta poderosamente. Es una cosa que se escapa a mi control, y, como todos los vicios, hay que saber cuándo…

¿Se puede querer a dos personas a la vez, como dice la copla?

Claro que sí. Se hace, no es que se pueda. Lo hacemos todos. Todos nos enamoramos de varias personas a la vez. Pero, como vivimos en una sociedad tan totalitaria, nos vemos obligados a escoger y siempre pensamos que a uno le amamos más que al otro, pero no es cierto. El concepto de cariño y de amor que se nos vende está enfocado a evitar a toda costa ese fin.

¿Cómo concibe usted el amor?
El amor es una cosa que uno se gana. Lo de convivir juntos es algo que te ganas con los años, no con los años de relación, sino con los años de relación contigo mismo. Cuando tú consigues vivir en ti, ponerte de acuerdo contigo mismo, entonces estás preparado para vivir con quien quieras. Y creo que para llegar a ese estado se tardan unos cuantos años. Treinta años no son suficientes. Tengo 34 años y me parece que necesito más tiempo. Mi concepto del amor es personal, exclusivo, único. Es algo de uno. Es una capacidad que uno tiene y que en todo caso otra persona te despierta, cosa que pueden hacer, aparte de esa persona, otros 150 millones de personas en el planeta.
(...)

Entonces, ¿cuál es su situación sentimental actual, en trío, en pareja?
Estoy con mi Afriquita de mi corazón. Estoy enamorada hasta las trancas, me tiene loca esa mujer. Es mi chica, la quiero un montón y espero que sea una de las cosas que vea antes de morirme. Por otro lado, tengo una relación conmigo misma que obliga por fuerza, por instinto, a vivir mis historias pasionales, gracias a que tengo un mundo pasional abierto. No le tengo miedo a estar viva. Lo que no puedo hacer es culparme porque la sociedad tenga un concepto diferente.

¿No teme que el Foro de la Familia monte una manifestación para enviarla a un psiquiátrico?
Es fascinante encontrar opositores, me parece maravilloso.

Pero habrá gente que le odie por manifestar abiertamente su diferencia.
El odio es un veneno que sólo padece y disfruta el que lo practica. Es horrible el odio. Hace daño a la persona que lo siente, no a la odiada. Sé que detrás de mis palabras hay muchas ampollas y sé que hay mucha gente que podrá llegar hasta a odiar lo que yo he dicho, pero yo no siento ese odio, no me llega. Una cosa es que no estés de acuerdo con algo y otra cosa es que lo lleves al extremo del odio, de poner pancartas, salir a la calle, hacer que tu hijo sufra una cosa que es tu opinión exclusiva. Me parece muy sospechoso. ¿Con qué sueña esa gente antes de dormirse? ¿No será que ellos están más cerca de mi mundo que yo del suyo y por eso me buscan a mí mientras yo no les busco a ellos?

¿Usted cómo se define?
Yo soy bisexual, trifásica y tridimensional.

23/6/09

CUBANOS VALIENTES DENUNCIAN DESDE CUBA

(EN LA FOTO: MIRIAM CELAYA)


Cada día son más los cubanos que deciden rebelarse contra el gobierno cubano a cara descubierta, desde la misma isla y asumiendo que el sistema represivo puede hacerles pagar caro su rebeldía.
Cubanos como Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar, Claudia Ravelo, Angel Santiesteban, etc, etc.
Hoy, de casualidad, he encontrado el blog de otra valiente cubana:
Miriam Celaya.
Miriam comenzó a escribir bajo el seudónimo de Eva, pero este año asumió públicamente su verdadera identidad y ahora escribe bajo su nombre real, desde Cuba, y hace denuncias como esta, que copié de su página y que publico aquí para que los que me leen la conozcan.


POR MIRIAM CELAYA:

El pasado martes, 10 de febrero, mi esposo, Oscar González Ulloa, fue interrogado por la policía política. Los testaferros del régimen suelen llamar a tales interrogatorios “entrevistas”, pero mi estilo siempre se ha inclinado a llamar las cosas por su justo nombre, sobre todo si dicho encuentro no contó con la anuencia del supuesto “entrevistado” y estuvo matizado por las habituales amenazas amigables de los compañeritos contrainteligentes de la llamada Dirección 21 del Ministerio del Interior.El lunes 9, pasadas las 10:30 pm, mi esposo, ingeniero electromecánico vinculado directamente a la navegación mercante por más de veinte años, recibió en casa una llamada telefónica: estaba siendo citado por “Selecmar”, su agencia empleadora cubana, para que se presentara a las 9:00 de la mañana siguiente en las oficinas del “subdirector de operaciones” para una reunión de trabajo. Aunque la llamada se produjo ya bien entrada la noche –detalle del que ambos recelamos- existía la posibilidad real de que se tratara de una citación laboral toda vez que ya él lleva en tierra casi cuatro meses y debía comenzar el alistamiento para el nuevo enrolo (chequeo médico, etc).No sabíamos que ya todo estaba preparado para la representación de estos artífices de la mentira y el engaño. El escenario fue la oficina del subdirector de “Selecmar”; los actores, dos oficiales de la Seguridad del Estado (uno “bueno”, conciliador, coloquial, casi amoroso; y otro “malo”, callado, adusto, severo); el guión fue el de siempre: “sabemos en lo que está tu esposa, de la gente con la que se reúne, que tu carro se ha utilizado para transportar contrarrevolucionarios y documentos, no vamos a permitir nada que atente contra la seguridad del Estado…etc”. Una “entrevista” salpicada de amenazas no muy disimuladas, como las referidas a dejarlo desempleado (“¿te gusta mucho tu trabajo, Oscarito?, tú siempre has sido un buen profesional…”); de preguntas aparentemente encaminadas a elevar su ego machista (“Tú eres el cabeza de familia, esto no es con tu mujer… pero esa Yoani y el grupo con el que se relaciona…”); de sugerencias acerca de que está siendo engañado por mí (“¿Tú crees que te lo sabes todo?…”). Y como colofón, como estocada maestra al final del dulce encuentro, la pregunta más infame: “¿Y tu hijo?…”. Una amenaza directa a nuestro hijo menor, de 20 años, estudiante, completamente ajeno a cualquier tipo de activismo político y dedicado por entero a sus estudios y a su pasatiempo favorito, la música. Un botón de muestra de lo ruin y sórdido de este sistema, un total desprecio por los valores familiares, que es el verdadero rostro del socialismo cubano.Tengo la enorme satisfacción de declarar que mi esposo no flaqueó, que rechazó “colaborar”, que manifestó su respeto por mí y por lo que hago, que defendió punto por punto sus verdades (que también son las mías) a riesgo de la pérdida de su trabajo -que ha sido durante años la única fuente relativamente segura del sustento familiar- y de cualquier otra represalia. Hasta ahora mantuve la verdad de que el régimen y sus métodos fascistas no habían molestado a mi familia; el 10 de febrero de 2009 marcó el final de lo que solo era un seguimiento indirecto, con preguntas e investigaciones a nivel de vecindario y de CDR y se inició la fase de hostigamiento por parte de un gobierno que, de facto, honra los principios y los métodos que de jure critica: quien no esté conmigo está contra mí y cualquier recurso es válido para anularte. Mi esposo fue interrogado por el único y terrible delito de serlo: hace casi 27 años está durmiendo con el enemigo.Hago público el hecho para denunciar la cobardía de una dictadura que no vacila en ejercer su poder absoluto contra los ciudadanos librepensadores y contra sus familias, un gobierno que se oculta hipócritamente para amenazar, que miente para condenar, que aplica represalias y que ha demostrado a lo largo de medio siglo los excesos a los que es capaz de llegar. Declaro también públicamente que no voy a callar mis verdades y defenderé hasta las últimas consecuencias mi derecho a decirlas, que no concurro en ilegalidad alguna y actúo en apego a la Constitución vigente, y que soy una persona libre y continuaré siéndolo a despecho de cualquier acción que decidan aplicar en lo sucesivo. Desde hoy hago responsable a la dictadura cubana y a sus cuerpos represivos de cualquier daño o perjuicio que en lo adelante pueda sufrir yo o cualquier miembro de mi familia.

Estos son los links de los blogs o paginas de las personas que cito arriba, para si quieren leerlos a ellos directamente y conocer sus vidas y apoyarlos en sus denuncias.

http://www.desdecuba.com/generaciony/ - Yoani Sanchez.

http://www.desdecuba.com/reinaldoescobar/ - Reinaldo Escobar.

http://vocescubanas.com/octavocerco/ -Claudia Ravelo.

http://www.cubaencuentro.com/angel-santiesteban/blogs/los-hijos-que-nadie-quiso - Blog de Angel Santiesteba, escritor cubano que fue golpeado en plena calle, en La Habana, por ciertos fascinerosos al servicio del gobierno castrista.

http://desdecuba.com/sin_evasion/ - Blog de Miriam Celaya.


¡ABAJO LOS CASTRO! ¡VIVA CUBA LIBRE!

27/5/09

JAIME BAYLY: ¿UN CANALLA SIN SENTIMIENTOS?


Jaime Bayly hablaba casi todas las noches y hasta hace poco, en su programa del canal Mega TV, de su madre cubana. Una señora que iba a verlo siempre en vivo al estudio, le enviaba regalos y lo llenaba de mimos y cuidados que él agradecía y resaltaba en público. Pero el domingo, leyendo la columna que escribe Bayly en el Nuevo Herald, me di cuenta que Bayly había decidido matar a su madre cubana, sacarla de su vida, deshacerse de ella porque, al parecer, -y estas son mis conclusiones- la señora se había fanatizado y había invadido demasiado la privacidad de Jaime Bayly. Y Bayly se había hartado. No el escritor o el personaje de la televisión, si no el hombre real.
Hace unos días encontré en internet un escrito sobre las maquilladoras, donde Bayly cuenta su relación de trabajo con Moraima, o La Mora, una maquiladora que trabajó durante varios años en Mega TV y a quien despidieron hace unos meses, así como su relación con otra chica que también lo maquilló en Mega, Odalys, y que fue asesinada por su esposo.
Leyendo la columna, que fue publicada en Perú, recordé las ocasiones en que La Mora -a quien conocí también trabajando en Mega y que también fue durante el año que estuve como panelista del programa Paparazzi, mi maquilladora-, me había comentado, de modo casual, su incipiente "amistad" con Bayly, como habían ido a almorzar un par de veces, sus conversaciones con él mientras lo maquillaba antes de que él saliera al show, los consejos que ella le daba, etc. Mora le había cogido afecto a Bayly y siempre me decía que él era como un niño, malcriado y con miedo de todo y de todos.
Así que cuando leí el escrito de Bayly donde este contaba todo sobre la Mora, sobre su hijo Rey David y gran parte de la historia que seguramente la Mora compartió en calidad de “amiga” con él, me puse a pensar que era peligroso ser amigo de Bayly, pues al parecer su imaginación era tan escasa que había optado por ganarse la vida escribiendo las historias que las personas a su alrededor le confiaban, escribiendo en Perú las cosas que le sucedían en Miami, y en Miami, lo que le sucedía en Perú o España, según su conveniencia.
Cuando llamé a la Mora y le comenté que había leído por casualidad el escrito de Las Maquilladoras, ella, en vez de mostrarse contenta, me dijo que en realidad el escrito le había disgustado un poco porque Bayly comentaba en ese texto que ella tenía olor a tabaco en la boca. Y cito del escrito el extracto en cuestión:


Extraño a La Mora hablándome con orgullo de lo listo y aplicado que le ha salido su Rey David, mientras yo siento el olor a tabaco que emana de sus labios voluptuosos.

Es sabido que la literatura se nutre de la realidad, de los acontecimientos, de las experiencias que vive el escritor y, en muchos casos, los personajes son creados a partir de personas reales, amigos, familiares, conocidos. No sabremos nunca si Madame Bovary salió totalmente de la imaginación de su autor, Gustave Flaubert, o si la historia se la contó al escritor una amiguita adúltera que se tomaba el café con él todos los días en el París de aquella época.
En todo caso, Madame Bovary no es un sólo un chisme de pasillo que alguien le contó a Flaubert en un momento de confidencias.
Sí, es cierto que el arte se nutre de la realidad, y es verdad que a veces, puede hasta calcarla, porque la realidad es muchas veces más inverosímil y literaria que cualquier fantasía, pero incluso cuando copia la realidad, el arte también añade, enriquece, engrandece y convierte esas historias en algo más. Y ese algo más es lo que convierte en arte la experiencia real, que puede terminar siendo novela, cuento, pintura, escultura, fotografía, poesía o artesanía. Y ahí juega un papel determinante el talento del creador, quien debiera mejor llamarse re-creador. Y esa es la diferencia entre un escritor y la vieja chismosa que cuenta la vida de sus vecinos.

En la columna del domingo, en el Nuevo Herald, Jaime escribe sobre “su madre cubana”:

Todos los lunes y viernes Talía me esperaba en el estudio una hora antes de que comenzara el programa, y apenas terminaba se me acercaba y me daba una bolsa llena de comida. Yo nunca le pedí nada, pero ella decía que era feliz comprándome comida. Me traía tantas cosas que no alcanzaba el tiempo para comérmelas todas. No me preguntaba qué me gustaba, ella elegía por mí. No faltaban nunca el salmón ahumado, el queso cremoso, las tostadas, la tortilla española, los sánguches de miga, las sopas de pollo que se derramaban en la camioneta, frutas exóticas, chocolates, pirulines, caramelos de menta, sales digestivas, laxantes y boletos de la lotería. No sé por qué, Talía deslizaba siempre, entre las bolsas de comida, boletos de la lotería que se jugaba el sábado.
Yo le agradecía y tiraba a la basura casi todo lo que me regalaba.
También me traía regalos muy lindos para mis hijas (vestidos, joyas, perfumes), que yo llevaba a Lima y les entregaba como si fueran regalos míos, sin mencionar a esa extraña señora que había decidido ser mi madre.

¿Es ético escribir algo tan horrible sobre personas que confiaron en su amistad y le contaron a Bayly sus vidas, sus problemas, sus sueños y sus frustraciones en un momento de intimidad, cuando pensaron, no que terminarían en la columna del escritor, sino que estaban cimentando una amistad que, en realidad, nunca existió?

Le expresé mis preocupaciones a una amiga escritora y ella tuvo una idea muy buena: se debería legalizar el derecho de autor por inspiración. Un derecho de autor que las personas podríamos reclamar cuando algún escritor carente de imaginación escribiera sobre nuestras vidas sin nuestro consentimiento. Así, las personas afectadas por el bochorno público de ver sus historias expuestas con todos los santos y señas, tendrían al menos el consuelo de ganar algo por haber tenido la ingenuidad de confiar en vampiros existenciales disfrazados de escritores.

¿Tendrá Bayly remordimientos cuando se sienta a escribir y expone de esa manera cruel a conocidos, amigos o fanáticos devotos y equivocados que lo adoran y confiaron en él? ¿O será tan mezquino que se divierte contando públicamente las historias de personas que lo creyeron, más que escritor, amigo?

Hace unas horas encontré una columna escrita por Bayly, y que él tituló El Escritor Mediocre.
Quizás en las mismas palabras de su autor podamos encontrar la respuesta:

El escritor se ha resignado a salir en la televisión todas las noches porque sabe que carece de talento para ganar con sus libros el mismo dinero que gana en la televisión y porque sabe que carece de coraje para vivir pobremente, como viven o vivieron algunos escritores que admira. La televisión es entonces una derrota moral para el escritor, el recuerdo permanente de su mediocridad. Lo que otros perciben como un éxito personal (lo que otros incluso le envidian) resulta para él un fracaso abrumador del que ya no tiene esperanzas de recuperarse, después de haber publicado diez novelas.
Parece claro, o al menos parece claro para él mismo, que el escritor no es ni será un artista, y que las razones o emociones turbulentas que lo precipitan a escribir son el instinto de supervivencia y la sed de venganza, de lo que podría concluirse (aunque esto es siempre debatible) que, además de ser un escritor mediocre, es una mala persona…

¿Qué más se puede agregar? Sigo pensando que es muy, pero muy peligroso, ser amigo de Jaime Bayly.


Les dejo el link de los dos escritos de Bayly, Las Maquilladoras, y Morir en Sus Brazos.

http://jaime-bayly.com/wp/?p=62 (Las Maquilladoras)

http://www.elnuevoherald.com/187/story/457616.html (Morir en sus Brazos)


Foto: Rosana Lopez-Cuba

21/5/09

A PESAR....


A pesar de las despedidas. Soy optimista. A pesar del olvido y la traición. Soy optimista. A pesar de la distancia, el desprecio, el abandono. Soy optimista. A pesar del hambre y el frío. A pesar de la nostalgia y el destierro. Soy optimista. A pesar del desamor, las lágrimas, lo terrible y lo trágico. Soy optimista. A pesar del miedo. A pesar del sin sentido, el descreimiento, la pena. Soy optimista. A pesar de la infelicidad, la herida y el silencio. A pesar de la afrenta y el estigma. Soy optimista. A pesar del balazo, todos los días, en mi cabeza.

7/5/09

ESTRENO MUNDIAL DEL VIDEO: LA BATEA.


Este fin de semana me fui con mi familia a la playa de Hollywood, y allí les presenté LA BATEA a ellos que son mis críticos más fieros (mi mamá siempre me dice que nunca le he hecho caso, que yo lo que tengo que cantar SON LAS CANCIONES DE ISABEL PANTOJA!!!).
En fin, que mi camarógrafa personal, LUNA, hizo este video, y yo lo edité un poquito en IMOVIE, y COMO sé que Emilio Stefan seguro que ni se enterará de lo buena que está esta BATEA, pues ahí les pongo, en estreno mundial, el videito.
Nota Aclaratoria: No es que en mi familia baile mal, es que yo soy muy mala editora de videos. JA, ja.
CREDITOS: La chica-batea es mi sobrina Isamary. También participan, de manera especial, mi mamá, Elia Rosa, la arrebatá de mi hermana, Isabel con la nueva baby de la familia, mi sobrina Angelina, que tiene cuatro meses y ya se le cuela a eso del meneo y mi cuñado, Joe, que es el galán de la barriga que tiene meneítos tan cómicos, JI, JI.
Ah, y mi primo Manolo, su esposa Yessica embarazada, y el tio Manolo.
AY, QUE FAMILIAAAAAAAAAA!!!!

5/5/09

EL LUNES: ¿EL MEJOR DIA DE LA SEMANA?

Ayer estuve todo el día en mi trabajo renegando de ese día infernal que no sé quién inventó: el Lunes.
Pero en la tarde recibí una sorpresa: mi amiga, la periodista peruana Rosana López-Cuba, me llamó para decirme que Liset Alea se presentaba a las 8 de la noche en Mamajuana, un restaurante de Coral Gables.
Y entonces, la sensación de ahogo y desesperación que había padecido todo el día desapareció. ¡Qué maravilla!, me dije, que a alguien se le haya ocurrido programar a Liset Alea para que cante un lunes en esta ciudad, porque estoy segura de que ese día, la mayoría de las personas, como yo, lo único que hacemos es lamentarnos de que haya empezado, OTRA VEZ, la aplastante rutina laboral.
Llegamos a Mamajuana y, para mi sorpresa, estaba casi vacío. Y sentí pena de que el manager, el dueño o quienquiera que fue el responsable de la presentación de Liset no hubiera hecho más publicidad para que los miamenses se enteraran y pudieran disfrutar del evento. Porque realmente es un desperdicio tener a una artista tan talentosa cantando allí un lunes, ¡y que nadie se entere!
Pero bueno, tampoco era para suicidarse. A veces uno se cansa de las aglomeraciones y en pocas ocasiones uno puede disfrutar de un lugar tranquilo y elegante, y para colmo, tener la oportunidad de escuchar a Liset tomando un buen vino y en un lugar tan especial, y tan FINOOOO que ¡confundí la cocina con el BAR.! Así de elegante y acogedor es el Mamajuana.
Y durante tres horas olvidé que estaba en la ciudad del sol, del cubaneo y el reggaeton machista y grosero, y me sentí transportada a París, a Nueva York, a Venecia, a Grecia, a.... qué sé yo, a algún lugar bien lejos de Miami.
Y tanta transportación gratis gracias a Liset, quien tiene un repertorio tan rico que a ratos me parecía estar frente a una enciclopedia musical o una vitrola de bar, repleta de canciones viejas, antológicas, y canciones sorprendentes compuestas por ella, que lo mismo canta una opera que un guaguancó, igual en francés, que en griego que inglés, que con el acento más cubano que puedas imaginar.
Porque Liset Alea, además de haber nacido en Cuba y de haber emigrado de pequeña a Costa Rica y luego a Miami, donde pasó su infancia y parte de su adolescencia, padece una enfermedad incurable, una especie de virus que se llama "aeroportitis"y que ella define como una adicción a los aeropuertos. Y eso la ha llevado a vivir durante largas temporadas lo mismo en Nueva York que en Paris, en Londres que en Amsterdam. Y toda esa experiencia vivencial y musical se la ha inyectado de algún modo en las venas y la ha mezclado con la sabrosura cubana y ahora todo esa enjundia la transmite sin enfuerzo con su bella y sensual voz que te deja embelesada, queriendo más musica y, por supuesto.............. más vino.
Escucharla es como darle la vuelta al mundo sin tener que viajar. Y si no me lo creen, les enumero algunas de las tantas canciones que cantó anoche:
- The fool on the Hill - The Beatles.
- ¿Por qué te vas? – Sí, ese hit de Jeannette que tanto escuchamos en Cuba, tema principal de la película española Cría Cuervos
- Slip Slidin Away - de Paul Simon
- To Tragoudi Tis Vrohis (The song of Rain) - una canción griega que es el ultimo track de su CD
- Raphael – una canción compuesta por Carla Bruni, la primera dama de Francia
-Lágrimas Negras - bolero cubano.
- Lovesong -The Cure
- Dame la cuenta - de Liset Alea.

Y puesto que Liset se estará presentando todos LOS LUNES en Mamajuana (por lo menos por ahora, ya saben, hasta que no le entre la enfermedad del aeropuerto), juro que estaré sin falta allí y arrastraré conmigo a cuanta alma perdida ande por ahí padeciendo esa depresión que se llama Lunitis.
Y así, en vez de lamentarme, comenzaré la semana diciendo:
¡I love Mondays!
¡J’aime les Landis!
¡Adoro los Lunes!
¡Vivan los Lunes!

¡Gracias a Liset y a Mamajuana y a mi amiga Rochi por las fotos!








30/4/09

SER O TENER

POR MRR.

Nací en Cuba, en un pueblo de provincia al sur de La Habana, en el año 1966. La Revolución tenía sólo cinco años cuando yo nací, pero ya los cubanos empezaban a sufrir su manera “mágica” de desaparecerlo todo. Para cuando me salió el primer diente, todavía nadie me había dado ni un solo caramelo de fresa ni un bombón de chocolate, de aquellos que tanto le gustaban a mi madre en su infancia pre-revolucionaria. Así fui creciendo escuchando a los mayores hablar de “lo que ya no había”. Hablar de todo, porque en la Cuba de los setenta no había nada.Mi padre, para alimentarnos a mi hermana y a mi, se dedicaba concienzudamente a robar sacos de malangas, papas y racimos de plátanos en las fincas estatales. Mi madre me martirizaba con una dieta eficiente y muy conocida en Cuba: huevo antes del almuerzo y huevo antes de la comida, en todas sus especialidades: fritos, revueltos, en tortilla, y hasta crudos, los cuales me hacía tragar a cucharadas en el mismo cascarón, solo con un poco de sal. Desde entonces, el huevo es para mí la imagen de la pobreza, aún cuando me lo sirvan en un plato de porcelana en un lujoso restaurante. Cuando llegué a la adolescencia y comencé a ir a las fiestas, la “magia” de la revolución me hizo convertirme, junto con toda mi generación, en los candidatos perfectos al Guinnes de la imaginación. ¿Habrá alguna relación entre el nombre del pueblo donde nací y crecí, Güines, con este otro de los récords? ! ¡Quien sabe! Lo cierto es que ante la carencia de calzado, de telas, de shampús, de perfumes, etc, y los deseos de tener un pantalón LEE o LEVIS STRAUSS, un pelo suave como el de Olivia Newton en “Saturday Night Fever”, los jóvenes en Güines -y en toda Cuba- comenzamos “a inventar”. Los cubanos somos unos inventores natos, ya lo sabemos. Como nadie tenía acceso a un par de tenis NIKEs, a los tenis grises de fabricación rusa que nos daba el Estado para que fuéramos a trabajar en las escuelas en el campo, le pegábamos una etiqueta rusa en uno de sus costados, las cuales, aunque nunca supimos qué decían, les daban cierto aire de capitalismo y de fashion a nuestros tenis sin nombres, faltos de clase. Las etiquetas, a su vez, las arrancábamos de unos edredones fabricados también en la Unión Soviética que nos vendían en la tienda y que eran muy baratos y muy buenos para el frío. (Lástima que el verano sea la estación sempiterna en Cuba, pues yo, que adoro el invierno, me hubiera sentido encantada de poder acurrucarme en aquellas colchas que permanecían ociosas en el escaparate de mi cuarto). Pero por no tener, los cubanos no tenemos ni estaciones, cosa muy conveniente dada la falta de todo lo demás. Las chicas nos dibujábamos con un lapicero escolar una larga línea negra que iba desde el talón hasta la curva de las nalgas, y así simulábamos unas medias panties que no teníamos y que no se conseguían en ningún lado, como todo lo demás. El problema a resolver era las manchas negras que se te hacían en la piel cuando llovía y el lápiz se chorreaba. Para suplir la falta de gel batíamos la clara de un huevo y nos la aplicábamos en el cabello, mezclada con un perfume o cualquier colonia barata, para disimular el mal olor natural del huevo. Así garantizábamos que el peinado se mantuviera intacto toda la noche, aún cuando bailáramos al estilo de Rafaela Carrá la música disco de “Kool and The Gang”. Los chicos, a falta de brillantina, se untaban aceite de cocina en la cabeza. Deseosos de aparentar tener un jeans autentico, pegábamos en cualquier pantalón sin nombre de mezclilla azul barata las ya nombradas etiquetas rusas que traían las lavadoras, refrigeradores y ventiladores de fabricación soviética. Así, íbamos “muy a la moda” a nuestras fiestas, con un pantalón hecho en casa y su respectiva etiqueta marca “Aurika” (una marca de lavadoras soviéticas que se caracterizaban porque pasados dos meses se les rompía la secadora, cuyo motor los cubanos usaban entonces para hacer un ventilador). La carestía se hizo más grave aún cuando cumplí mis 15 años. Eran los duros años 80s. El día de mi fiesta de quince, a falta de azúcar para hacerme un pastel, mis padres contrataron a un vecino carpintero para que hiciera una base de madera de cuatro pisos. Mi madre la cubrió de merengue y así pude tener mis fotos de quince, muy sonriente, detrás de un magnífico pastel adornado con bellas flores rosadas que mi madre se había esmerado en diseñar. Como el pastel era ficticio y, por lo tanto, no hubo pastel que picar, después que me tomaron las fotografías (cinco en total, no había dinero para mas), mi madre le regalo los pedazos de madera embadurnados de merengue a los muchachos hambrientos del barrio.Para no dejar de compartir la ocasión, mi madre repartió entre la familia un sabroso y discreto pudín de pan y leche que comimos atragantados y bajamos tomando mucha agua, a falta de refresco.Tres años más tarde entré a estudiar Derecho en la Universidad de La Habana. Mis padres habían estado ahorrando durante tres años para poder regalarme, OH, Al FIN, un LEVIs auténtico, que costó una fortuna. Yo estaba encantada. El único problema era que no tenía zapatos para lucir con el nuevo y despampanante "pitusa". Una vez más recurrimos al vecino carpintero. Desde entonces, pienso que la carpintería es el oficio mas noble del mundo. ¿Será por eso que Jesucristo era carpintero? Esta vez, el noble carpintero me hizo unas sandalias de suela de madera, a las cuales decoró unos arabescos muy simpáticos utilizando un clavo caliente. En mi pueblo le llamábamos "los palos" a aquellas chancletas de palo. De un pedazo de vinillo gris que colgaba en una silla desvencijada que había pertenecido a mi abuela el noble carpintero me hizo la parte de arriba de las chancletas. Así, de LEVI´S y chancletas de palo me fui a estudiar a La Habana.En el 1980 mi padre se metió en la Embajada del Perú. Luego de pasarse once días dentro del jardín de La Embajada sin comer nada y después de varios meses de esperar su salida del país encerrado como un preso en la casa, adonde vinieron los vecinos varias veces a gritarnos consignas revolucionarias y a tirarnos huevos y tomates en los llamados actos de repudio, una mañana de mayo lo vino a buscar un carro de la policía para llevárselo al Puerto del Mariel. De ahí lo embarcaron hacia los Estados Unidos. Entonces empezamos a quedarnos solos. Los cubanos que tenían familia en el extranjero y recibían dólares podían comprar todo tipo de productos en las tiendas que el Estado creó para esos fines. Ahora la magia parecía estar basada en una ecuación dolorosa: a menos familia, más dinero. Pronto se fueron mi abuela materna, mi tía y mis únicas primas. Se fueron muchos amigos y hasta los vecinos que años antes eran los más fervientes defensores del comunismo y que estaban en primera fila cuando nos dieron el acto de repudio por contrarrevolucionarios. En la casa, por la lógica desgarradora de un acto fallido de prestidigitación, enseguida que llegaron nuestros familiares a Miami comenzaron de nuevo a aparecer los productos que durante tantos tiempo habíamos añorado: shampús, jabones para bañarnos, detergente para fregar y hasta papel sanitario, algo que nuestro baño hacía años no veía. Mi padre se olvidó de nosotros. Mi familia empezó a llamar cada vez menos, pues las comunicaciones se tornaron imposibles. Yo dejé la Universidad y finalmente no me gradué de abogada por miedo a tener que pagar la carrera o a que el gobierno me impidiera salir del país indefinidamente por haber estudiado en “su” Universidad, la universidad de los revolucionarios. Me convertí en un ser anónimo: no figuraba en ninguna organización, en ningún puesto de trabajo, mi nombre no estaba ni en los periódicos, ni siquiera en la corteza de los árboles.
Veinte años después y luego de una larga travesía, finalmente pude llegar a Miami.
Aquí volví a encontrarme con ex amigos, ex vecinos, ex combatientes, ex revolucionarios, ex chivatos, ex oportunistas, ex presidiarios, ex disidentes.
Pero algo en ellos ha cambiado.
Ya no son proletarios, sino capitalistas risueños, dueños de grandes casas y lujosos autos.
Ya no hablan de compañero a compañero, sino de ciudadano –americano- a ciudadano.Ya no son como el Che, sino fervientes republicanos o demócratas con flojera. No son administradores, sino managers de empresas. No son miembros de la UNEAC, sino colaboradores de El Nuevo Herald. No son jefes de comité, sino miembros de la asociación de condominios. Tampoco se parecen en nada a aquellos holgazanes que se sentaban en las puertas de sus casas, en Cuba, a ver la vida pasar. Noooooooo…Ahora son ágiles obreros capitalistas que solo piensan en trabajar y pagar el mortgage, algo que parece obsesionarlos, como en Cuba los obsesionaba pagar las Milicias de Tropas Territoriales o la Federación de Mujeres Cubanas.
Ya no son espías ni dirigentes, sino invitados de un programa de televisión, en donde invariablemente nos iluminan sobre "los mecanismos tenebrosos de aquel sistema".
Ahora se refieren a Cuba como “la cárcel”, y al gobierno revolucionario le llaman “el régimen”. Al anteriormente amado comandante Fidel Castro, a quien tanto alababan en la isla, aquí le dicen “el dictador” y a nosotros los gusanos, -me incluyo-, “el exilio”.
Y que conste, no he conocido en Miami a ningún cubano que haya tirado huevos, ni dado patadas, ni organizado actos de repudio. Esa parte de la hoja del curriculum parece que las lavan durante la travesía en balsa en las aguas del estrecho de la Florida. Me imagino que durante una travesía en balsa hay tiempo para todo. También para inventarse una nueva identidad.A veces pienso que Miami no debía conocerse como "La Ciudad del Sol", sino como "La ciudad donde los cubanos recobran la consciencia". Por suerte, los ex vecinos que antes nos tiraron huevos y tomates, no se convirtieron nuevamente en vecinos. Ahora viven muy lejos. Como bien dice mi abuela: lo bueno que tiene Miami es que todo queda bien lejos. Y yo puedo dar fe de eso: aquí una librería queda mas lejos que la misma Cuba.A uno de aquellos ex vecinos lo vi hace poco tratando de sumar miembros a su nueva religión: Los Testigos de Jehová. Por supuesto que yo también me he comprado un auto, una casa y aspiro a tener un barco y un time-share en alguna isla del Caribe cuando sea una anciana. Pero, para mi frustración y a diferencia de mis coterráneos, todos los días me levanto sin haber logrado convertirme en una EX. Quizás no lo logre porque no tengo muy claro en qué podría convertirme, que no sea la misma que fui y que soy. A veces, mientras contemplo el mar desde mi balcón pienso en Cuba, y me doy cuenta de que los cubanos siempre parecen estar atrapados en el mismo dilemma: el de “ser o tener”. Estoy segura de que si Shakespeare hubiera nacido en aquella isla, su Hamlet hubiera tenido un dilema diferente.

17/4/09

LA HISTORIA DEL PATITO FEO




Britain Got Talent es uno de esos concursos -reality shows- creados por ejecutivos inteligentes y rapaces para ganar dinero y estupidizar a la audiencia. Con palomitas y coca cola, y para entretenerse un rato, me parece excelente. Una opción mejor que muchos programas locales.
Pues bien, esta semana el programa encontró su gallina de los huevos de oro con una concursante que, en unas horas ha recibido 20 millones de clicks en youtube y que, según dicen algunos, ya consiguió un contrato para grabar un disco sin siquiera haber ganado el concurso.
Y quien es el fenómeno?
Nada menos que Susan Boyle: una simple y mundana mujer de pueblo que ha pasado gran parte de su vida cuidando de su madre enferma y que, sin embargo, en esos tres escasos minutos -o menos- que duró cantando, rompió los parámetros y clichés que el mundo moderno tiene sobre la belleza y le demostró a esa audiencia que la recibió con risas burlonas y miradas de desprecio, algo que para ellos -pobrecitos- resulta insólito: que se puede ser fea y tener talento.
Así de mal estamos, digo yo.
Yo no sé si Susan hizo algún intento a lo largo de su vida para acercarse a una disquera, a eso que llaman “la industria de la música”, pero dudo, si lo hizo, que alguien siquiera la haya dejado pasar más allá de la recepción. Y es que según el mundo en que vivimos, donde las apariencias son las que cuentan, Susan es un “bicho raro”.
Primero, nada de tetas postizas -y ya sabemos que "sin tetas no hay paraíso-, luego, porque tampoco es la clásica barbie pintada de rubia (como la Paulina, la Perez Hilton, la Jessica Simpson), y tercero porque, oh, algo insólito, tampoco tiene un marido millonario para empujarle o comprarle su carrera, como la Thalía.
Susan es una mujer normal, a quien el éxito le ha pasado de largo durante 47 años de su existencia.
Ni siquiera ha encontrado alguien que la bese, según cuentan en su minibiografía.
Pero el patito feo tenía un “secret weapon”. Algo que no tienen ni Paulina, ni Thalía ni todas las modernas barbies de la música pop que andan por este mundo maltratando nuestros oídos con sus chillidos desafinados de muñecas de trapo.
SUSAN BOYLE TIENE TALENTO. Y ES REAL Y HUMANA.
Y, por eso, ayyyyyyyyy!!!, y dándole la razón al poeta Eliseo Diego, quien dijo que “un hombre bueno es un espectáculo inmenso”, en este mundo donde abunda la mediocridad, finalmente, alguien que cante de "verdad", no podía menos que convertirse en un acontecimiento de marca mundial. ¡Tan sordos y ciegos estamos!
Y por eso esta mujer que camina como un bombero, que tiene las piernas hinchadas igual que nuestras simples y mortales madres o abuelas, y que es igual de fea que cualquier hija de vecina de la vida real, pero que canta como una Diosa, se ha convertido en la mujer más famosa del planeta. Y digo yo que Susan es como el rebelde del mundo de Orwell, una alienígena que vino a implantar en la tierra un nuevo canon de belleza. Por Dios!!!
Y por eso la audiencia acostumbrada a los movimientos sensuales y plagiados de Michael Jackson que hace Justin Timberlake, los salticos y ricitos de David Bisbal, las estupideces de Britney Spears y las canciones intrascendentes de Jessica Simpson, no estaba preparada para Susan Boyle y se burlaron, se rieron cuando la vieron aparecer con su cara chata, sus cejas tupidas, y su cuerpo de “tamal mal envuelto”.
Pero después que Susan abrió su boca para cantar una canción de la obra Los Miserables, de Victor Hugo Susan Boyle se vengó con creces.
Y no solo hizo que ese público la aplaudiera y se emocionara hasta las lágrimas, sino que de la noche a la mañana se ha convertido en una celebridad mundial, cual patito feo convertido en cisne.
¡Ay, mundo cruel y mezquino!
¡Ay, Susan Boyle! Deberían hacerte una estatua como recordatorio a la imbecilidad de los seres humanos.

Y yo pienso que si esta mujer se hubiera aparecido a pedir trabajo en la Sony, ni siquiera la hubieran dejado limpiando los baños. Porque, ya saben: hasta para eso hay que tener tetas y nalgas en nuestro mundo.
Por eso hoy brindo por Susan Boyle. Y por todos aquellos que, como ella, sufren en silencio la burla de los mediocres, mientras el mundo está lleno de falsos ídolos que son quienes se llevan, casi siempre y sin merecerlo, los millones y los premios.
¡Salud!

16/4/09

FRASE DEL DIA

VIVO CON LA FELICIDAD DE SABER QUE MI HONESTIDAD LE DESAGRADA A LA GENTE HIPOCRITA QUE ME DESAGRADA.