7/4/09

LO QUE PASA DETRAS DE LA TV, Y QUE NADIE VE.






HASTA HACE UNOS MESES me ganaba el pan trabajando como productora y reportera en un canal hispano aquí en Miami.
Un día le propuse al productor ejecutivo del programa que hiciéramos un show sobre la homosexualidad femenina en la TV hispana, algo que todavía es un tabú, pero que luego del famoso beso que se dieron Madona y Britney Spears las cadenas comenzaron a explotar para escandalizar al público e incentivar la morbosidad del macho latino en un afán por subir los ratings.

Quería hacer un programa donde se tratara el tema del lesbianismo. Donde se debatiera por qué la television en ingles ya tenía sus íconos, como Ellen Degeneres, Rossi O'Donnell, Melissa Etheridge, etc y, sin embargo, la televisión latina todavía no se permitía poner en un programa a una mujer lesbiana, con carisma e inteligencia, que aportara un punto de vista diferente. ¿Por qué ninguna de las personalidades lesbianas que viven en Miami - cantantes, conductoras, periodistas, compositoras, algunas muy famosas- nunca se han atrevido a dar la cara y hablar abiertamente de su homosexualidad? ¿Cuál es la hipocrecía y el miedo, si el público sabe perfectamente, desde hace años, que ellas son homosexuales, y no por eso han dejado de ver sus programas ni dejado de comprar su música?



Para desarrollar el tema en el programa, le sugerí al productor que invitáramos al estudio a una actriz que había hecho un unitario en un canal de la competencia, donde dos amigos y sus respectivas novias -interpretada una de ellas por dicha actriz - tenían una fiesta en una piscina y cuando ya todos estaban pasados de copa, los hombres empezaban a fantasear con el cliché de ver a las muchachas hacer el amor. El programa terminaba con las dos chicas en la cama, en una insinuada escena de sexo donde las actrices amanecían juntas, despues de hacer el amor y se besaban, en un momento muy bonito de erotismo lésbico. Los novios ni se enteraron, porque de tanto beber y por tontos, se habían quedado dormidos en la piscina y se perdieron "la encamada" de las chicas.
Al amanecer y sin saber que las muchachas ya habían tenido sexo sin ellos, uno de los novios preguntaba a su chica:

Bueno, y finalmente, ¿qué vamos a hacer? A lo que ella respondía: Yo no sé ustedes, pero nosotras nos vamos juntas – y se iban en el auto dejando a los tontos plantados.
A mí me pareció muy valiente por parte de los productores del canal y de los escritores hacer un programa con un tema tan candente.


Así que llamé al manager de la actriz y para mi sorpresa, aceptó venir al programa, algo inusual porque todos tenían pánico a pisar aquel set.

Y finalmente llegó el momento de grabar el programa. Y mientras estábamos en maquillaje, quise cerciorarme hasta dónde llegaríamos en la profundización del tema. Ya tenía por experiencia que si un tema no se trataba con coherencia y profundidad, el programa terminaba siendo un fracaso, como sucedió algunas veces. Por eso, antes de salir al aire, le pregunté al susodicho productor:
-¿Hasta dónde vamos a llegar si se genera una discusión fuerte sobre el tema? Yo estoy dispuesta a ser sincera y a hablar con profundidad sobre el asunto sin tapujos.
El productor me miró aterrado:
-¡Estás loca! ¡Estamos en Miami, aquí la gente es muy cerrada, niña, por tu madre, el público no está preparado para eso, esto es un pueblo de gente imbécil! Aquí nadie va a salir del clóset! Tú manténte ambivalente, como Ceriani. Tu carrera depende de eso.

Sorprendida por su terror, le dije, tratando de convencerlo, y ya en tono de broma, para que se relajara:

Bueno, es que yo nunca he estado en el closet. Siempre he sido una persona abierta con mi vida, con mi familia y mis amigos. En mi casa nunca han habido closets. Pero la broma tampoco la entendió porque su cara permaneció crispada.

En fin, que decidí, como dice el dicho hacer en Roma lo que en Roma vieres. Al fin y al cabo, yo era "una novata en eso de la televisión," - como me restregaba siempre que podía una panelista del programa, de quien hablaremos en otra ocasión.

Y así, el programa transcurrió normalito, tranquilito, con preguntas superficiales a la invitada y las mismas tonterías que, según el criterio de mi productor, son las que el público hispano se merece. Ese “público imbécil” que, supuestamente y según él, “es quien ve la televisión que se hace en español.”

Pero cuál no sería mi sorpresa cuando un tiempo después ese mismo productor aprovechó para declarar su homosexualidad en el marco de una entrega de premios Glaad. ¡Aquí mismo, en la imbécil e intolerante - según él- ciudad de Miami!

El hecho me dejó confundida.

¿No había sido él la misma persona que me había hablado de la estupidez del público, del tabú que era ser homosexual y del peligro para la carrera que suponía declararse homosexual frente a una cámara?

Pero mis confusiones se aclararon unos días más tarde, cuando lo vi sentado frente a Bayly, en calidad de héroe de la comunidad homosexual.

Y entonces, entendí: “Era una cuestión de reflectores.”

Y le salió bien, porque durante cierto tiempo tuvo sus quince minutos de fama.

El público a quien él llamaba imbécil no solo lo aceptó, sino que lo llenó de reconocimiento y lo alabó por su valentía en los correos que llegaron luego al programa.

Bueno, me dije, después de todo, yo tenía razón: El público no es tonto como afirman ciertos ejecutivos que trabajan en la TV.


Y siempre he estado convencida de que quienes subestiman al público son los propios ejecutivos mediocres que nunca se arriesgan a hacer una TV inteligente para los latinos. Por eso la TV en español parece hecha para retrasados.

Más aún: el público no sólo es lo suficientemente tolerante y desprejuiciado como para entenderlo todo, sino que es tan inteligente que sabe perfectamente cuál es la diferencia entre lo que es tener talento y lo que es ser un oportunista que aprovecha las cámaras y la condición sexual para conseguir un poco de fama.

Y es que, en televisión, el más mínimo gesto de hipocrecía se ve INMENSO. Tan inmenso como el tamaño de las pantallas de los televisores que el "público hispano" suele tener en sus casas.

Y ya sabemos que los hispanos somos exagerados, y a los que viven en Miami les encanta ir a Brandsmart a comprarse unas inmensas pantallas planas a todo color, donde lo FALSO SE NOTA CANTIDAD, PERO CAAANTIDAD!.
Ja, ja.




Y para terminar, una encuesta:



¿Los ejecutivos tienen razón al afirmar que los hispanos somos imbéciles y por eso nos merecemos una televisión de pacotilla, o son ellos los mediocres que no se arriesgan a hacer una TV inteligente y tienen al público sufriendo con esos programas vulgares y horribles que abundan en la TV en español?

CONVIRTIENDO LA MIERDA EN ORO

Te has preguntado alguna vez, cuando las cosas se ponen difíciles, ¿qué significa la frase “seguir adelante”?
Algunas veces te sientes miserable y te preguntas: ¿qué tengo realmente en esta vida?
Convierte la mierda en oro.
Déjale los millones a los hijos de puta de Wall Street Y CANTEN CON NINA SIMONE:

26/3/09


TRADING LOVE

POR MRR

SUS CONDICIONES:


Mis ojos: No quiero que mires a nadie más.

Luego reprochaba: ¡Que ciega estás!


Mis brazos: ¡Quiero que seas solo mía!

Más tarde se lamentaba: ¡Ya no me abrazas como antes!


Mis piernas: Tengo miedo a entregarme y que después escapes!

¡Que lenta eres!, me reprochaba luego despreciativa


Al cabo de un tiempo parecía arrepentida:

¡Yo no estoy preparada para este amor!

¡Me siento atrapada!

¡Ya no sé quién soy!


Si la amaba debía entregarle también

mis sueños, mis pensamientos, mis vísceras,

mi sangre y, por supuesto,

mi corazón.


Con espanto, lo puse en sus manos.

Siguió lamentándose:

¿Y tus temblores, y tus latidos?


Un día decidió:

Quería estar sola, “comerse el mundo” y, por supuesto,

yo no estaba invitada ni a las migajas del banquete.


Quise retenerla
gritarle que no se fuera

pero pensé que debía conservar mi voz

al menos
para contar la historia.

Me quedé inmóvil

Y la dejé partir.

Su última frase:

Eres como un muñón: inerte y vacía.


4/3/09






¿SERÁ ESTO PARÍS?


Siempre soñé con llegar aquí, con palpar este pedazo del Pont Neuf y contemplar, como ahora, el Sena. Me pides que sonría. Sonrío. Y mientras, pienso que nunca imaginé que en París nos sentiríamos tan ajenas. No imaginé nunca, mientras soñaba en Cuba con llegar a París, que en París me sentiría vacía y que la nostalgia de nuestra vida juntas en La Habana me empañaría la sensación real de estar en París. Tú, mientras, tomas esa foto. ¿Será esto París?
Yo soñaba con que en París me sentiría eufórica, que tendría ganas de caminar, tocar el suelo con las manos, sentarme en los cafés donde antes se sentaron Gauguin, Sartre, Simone de Beauvoir. Pero mientras caminamos tomadas de la mano por los Champs Elysées, fingiendo estar emocionadas por estar en París, pienso en nosotras tomándonos un té en la pequeña sala de nuestro apartamento allá en La Habana. ¡Tantos años en ese apartamento lamentando no poder conocer París! Y ahora, en París, el dolor de haber perdido todo lo que teníamos para poder estar aquí, en esta ciudad molesta, donde únicamente puedo repetirme, en voz baja, mientras miramos ajenas las vidrieras lujosas de las tiendas, que preferiría no estar aquí, que preferiría que dejara de llover, porque siento que puedo morirme en París, hoy, con aguacero, que preferiría estar juntas, calentitas, en nuestro apartamento, que preferiría, antes de tener que llegar a dormir en el hotel que hemos reservado, estar saliendo ahora de nuestra casa para doce y Malecón, como cada noche, a hacerle la visita a Gobel y Manuel, a conversar con ellos sobre todo y nada, a dejarnos llevar por cualquier tema intrascendente, mientras contemplamos el malecón, a divagar, reírnos, escuchar música, quejarnos del hambre. Quizás París era sólo eso, las ganas de conocer París mientras uno no puede hacerlo. Y así, todos los días, yo venía contigo y visitaba la tumba de Edith Piaf, y paseábamos por Montmartre, y nos acostábamos felices en La Habana habiendo visitado París.





En La Habana todo es más horrible, pero también más simple, más real. Allí sabíamos quiénes éramos: dos muchachas provincianas que llegaron un día a la ciudad, las amigas preferidas de Gobel y Manuel, las chicas inteligentes del segundo piso, las muchachas que viven juntas, las hijas de nuestras madres, las frustraciones de algunas personas de nuestras familias, la adoración de otras, las hermanas de nuestros hermanos y el reflejo de toda nuestra circunstancia vil. Aquí somos fantasmas. Fantasmas de aquellas que fuimos, que se pasean ahora, bajo la lluvia, por París.

¿Y dónde adquirimos estas manías nuevas, todos estos objetos que no reconocemos? ¿Dónde está tu blusa azul y tus zapatos con huecos en las suelas, a los que solíamos pegarles un pedazo de cartón para que no se te mojaran los pies en los aguaceros rabiosos de la isla? Seguramente los regalaste antes de salir, igual que regalamos nuestros discos, nuestros libros, nuestras almohadas, nuestro colchón. Damos vueltas en el cuarto, buscando un lavaplatos que aparece incluido en la hoja del inventario de la habitación y que, sin embargo, no encontramos. Y yo pienso que así estamos de perdidas. Ya no encontramos nada y no te lo digo, mientras nos reímos de nuestro provincianismo, pero no me encuentro a mí misma en ningún lugar, aunque finja todo el tiempo lo contrario, como lo exige mi vulnerabilidad y mi miedo, en ese país extranjero donde vivo, como quizás te pasa a ti en el país extranjero donde te tocó vivir. Países que no escogimos, sino que fueron la posibilidad única que tuvimos para salir, escapar de la isla.
Y nos acostamos, por fin, sin haber encontrado el lavaplatos. Nos acostamos y nos quedamos calladas. Y recuerdo con pesar, y casi te pregunto que por qué estamos tan calladas, nosotras, que siempre hablábamos tanto a la hora de dormir, en las mañanas, en la tarde, cuando regresabas del trabajo, nosotras que hablábamos siempre, todo el tiempo, hasta cuando ibamos al baño dejábamos la puerta abierta para seguir hablando. Y pienso que ahora sería el momento perfecto para decirte, explicarte mis miedos, mis angustias, mis noches sola, allá en México. Pero no lo puedo soltar. No puedo hablar. Quizás es que soy consciente de que debo regresar y no puedo aliviarme contando algo que todavía tengo que resistir. Habría que dejarlo atrás, tendría que ser este el viaje del reencuentro que conjurara nuestra separación, pero no lo es. Y yo tendré que regresar, apenas en dos semanas. Y tú tendrás regresar a España y ambas tendremos que encontrar el valor para no agobiarnos ahora con nuestros problemas, porque sabemos que tendremos que despedirnos nuevamente, amanecer cuerdas, levantarnos, enfrentarnos a nuestra rutina, llegar impecables al trabajo, pasar llamadas, hacer traducciones, cerrar contratos, sonreírle a nuestros jefes. Y sé que nos contenemos por miedo. Miedo a derramarnos, a dejarnos ir y que la emoción nos descontrole. Miedo a salir corriendo, gritando, miedo a abandonar el avión, a abrazarte y a no querer soltarte, como hacen los poseídos, los niños downs con sus padres y los amantes en las telenovelas.

Y yo que pensé, en algún momento, que había dejado de amarte. Y pasé muchos años frustrada al ver que estábamos envejeciendo juntas en aquel apartamento que ahora recuerdo con dolor y que en Cuba comparaba con un hueco. Y no puedo dejar de pensar, mientras propones que pongamos la televisión, para que yo practique mi francés y te traduzca las noticias, que somos animales de zoológico. Siempre lo fuimos. No conocimos otra cosa, y ahora, por eso, la selva nos espanta, aunque sonriamos y yo traduzca lo que dice Mercedes Sosa, que está de visita en París, "una de las ciudades que más ama". Y Mercedes dice algo que me deja petrificada, porque me descubre una verdad que yo nunca descubrí. Dice que enfermó del estómago por el miedo que siente cada vez que sube al escenario.

Y yo pudiera decirte, si fuéramos aquellas en el apartamento de La Habana, que por eso dejé de cantar. Qué fácil y de qué manera tan tonta acabo de enterarme de que esa era la respuesta que siempre buscaba y que nunca supe darte cuando me preguntabas, durante tantos años, que por qué había dejado de cantar, de componer, de hacer poesía. Era simplemente miedo, porque sabía que aquello me costaría la vida, y yo no quería morir, yo quería ser feliz por sobre todas las cosas, y dejar de sentir miedo. Pero hay miedos y miedos. Tú también lo debes saber. El miedo paralizante que siento en Mexico cuando la tierra se sacude con rabia bajo mis pies, como si estuviera cansada de cobijar a una especie tan insensata. Y tampoco te confieso que en esos momentos el corazón se me quiere salir al constatar que la muerte está ahí, bajo mis pies, y que es terrible sentir que en un segundo todo un mundo puede desaparecer, que puedo morir lejos de ti, absurdamente.

El miedo a la alarma de las ambulancias que pasan frente a mi apartamento, el miedo a los autos que se estrellan casi todas las noches en mi calle, los gritos de la gente, las luces de ls patrullas de la policía que se reflejan en la oscuridad de mi cuarto, mientras tiemblo agazapada como un gusano debajo de la piedra que sabe que alguien por curiosidad puede levantar, sintiendome desvalida. Y después, cuando todo termina, el miedo a la oscuridad, a no poder evocar ni uno solo de nuestros momentos felices, ni un solo rostro amigo, ni una palabra tuya para aliviarme, dormirme, relajarme. Porque a veces siento - y esto tampoco te lo digo- que de tanto conjurar lo que más queremos para poder sobrevivir diariamente, de tanto alejar a los fantasmas queridos para poder soportar a los seres reales que no amamos, pero con los cuales convivimos, a los que no entendemos ni sabemos descifrar, de tanto esforzarnos por resistir la soledad, nos vamos quedando asidos a ella fuertemente, como los náufragos a la roca, como los presos a sus barrotes.




Y aquí estamos hace media hora contemplando las bailarinas de Degás. Y sonrío, otra vez, mientras tú me tomas esa foto junto a La Noche Estrellada, de Van Gogh. Y pienso en nuestro querido Havel, y me pregunto qué sentiría él si pudiera estar aquí, frente a estos cuadros que siempre admiró y copió para aprender a pintar, durante tantos años. ¿Qué sentiría Giselle, que estudió Historia del Arte y permanece encerrada, como los cuadros que admira, en un museo olvidado de La Habana Vieja?







¿Qué hice yo para merecer París, esta tarde que cae como una bola de fuego, este río que desconozco y que me recuerda el río de mi infancia que alguna vez fue inmenso y que después se volvió mínimo, como la baba de un anciano decrépito?

El barco se desliza suavemente y los turistas, como nosotras, disparan sus cámaras con la esperanza de llevarse a sus casas la Catedral, la Torre Eiffel, esas estatuas imponentes que contemplamos arriba, en los puentes. Y contemplo a la pareja junto a la orilla del Sena. Ella baila sensualmente mientras él toca la guitarra que no escucho. Quizás sea eso París. Y les hago una foto, pensando en colgar ese atisbo de felicidad ajena en la única pared libre de mi apartamento.

Somos computadoras sin memorias, bien lo sabemos. Por eso hacemos este esfuerzo inútil, porque sabemos que con tal de sobrevivir somos capaces de olvidar inclusive lo más bello. Y disparamos nuestras cámaras una y otra vez como dementes, incapaces de disfrutar este paisaje sin sentir la necesidad de atraparlo, coleccionarlo, poseerlo.

Y mientras nos deslizamos suavemente, arrastradas por la corriente apacible del río, y tú haces esa foto de mi rostro en close up, con Notre Dame al fondo, me pregunto si dejaré de sentir este vacío, me pregunto si, finalmente, será esto París...









2/3/09

MATAR A MILK

Por MRR

La película Milk me dejó repitiéndome una frase que tengo muy clara desde hace mucho tiempo: nada es más dañino que la ignorancia y la intolerancia.

Mientras manejaba de regreso a mi casa, a la salida del cine, recordé una de las frases geniales que Albert Camus pone en boca de su personaje Calígula, en la obra homónima.

Calígula le dice a Cesonia:

“No me matarán mis enemigos, aquellos a los que les he hecho más daño, porque ellos me conocen, y me entienden. Me matará la ignorancia, Cesonia, porque la ignorancia siempre es asesina.”

Después de ver la película volví a sentir rabia por la reciente aprobación de la Propuesta 8, la cual negó a los homosexuales en Estados Unidos el derecho a casarse y que dejó legitimado el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, para alivio de los grupos conservadores.

Nunca entendí cómo los homosexuales de este país no salieron a las calles cuando se propuso votar la Propuesta 8. Y sigo sin entender cómo una sociedad civilizada -y esta se precia de serlo- somete a votación el derecho de una minoría para que, en el colmo de la farsa, sea aprobado por una mayoría que desaprueba a esa minoría y la estigmatiza.


Someter un derecho a votación es algo ridículo. Si los negros hubieran tenido que esperar a que la mayoría de los ciudadanos americanos blancos aprobaran sus derechos, todavía habría mayorales y barracones.

¿Por qué los derechos de los homosexuales tienen que ser puestos a votación?

Los derechos no se ponen a votación. El Estado debe imponerlos a punta de leyes, precisamente para que los intolerantes aprendan, a fuerza, a respetarse unos a otros. Si no, habría que esperar siglos para que una sociedad evolucione y esté preparada para aprobar leyes que protejan a las minorías. Eso, en caso de que tengamos la fe necesaria en la evolución del ser humano. Algo que no me queda claro todavía. Siempre digo que ni siquiera tres doctorados ni un premio nobel pueden matar del todo al animal que llevamos dentro.

Si le dejamos a la humanidad la posibilidad de escoger, habría que esperar siglos para que en muchos países de Africa los hombres dejen de practicarles la ablación a sus mujeres y para que los musulmanes fanáticos dejen de lapidarlas en estadios.


Poner a votación un derecho no solo es un acto de hipocrecía, sino también una violación del primero y más elemental: "que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos."

El derecho debe estar garantizado y punto.

Es cierto que la forma en la que se planteó la Propuesta 8 resultó una trampa, ya que muchas personas votaron a favor de la misma, pensando que votaban a favor del matrimonio homosexual, cuando votar en contra era realmente lo que le daba legitimación.

Pero ya sabemos que Estados Unidos es un país complicado.

Este país ha visto cómo, a lo largo de sus historia, sus verdaderos héroes y sus más brillantes ciudadanos y artistas –desde Lincoln, Lennon, Martin Luther King hasta Harvey Milk- han sido asesinados por individuos mediocres o aberrados, quienes de puro rencor matan aquella gracia o luz que les fueron negadas y que sienten como una amenaza cuando la reconocen en otra persona.


Con la aprobación de la Propuesta, volvió a ganar la ignorancia.


Ahora, los millones de ignorantes que votaron a favor de la misma se sentirán legimitidados en su prejuicio contra los homosexuales.


Fue como si, esta vez, millones de ciudadanos americanos le dispararan nuevamente al cadáver del pobre Harvey Milk.



16/2/09

ARTE EROTICO Y CONCIERTO EN ZU GALERIA


VIERNES 13 es una fecha considerada de mala suerte en Estados Unidos. Pero hay personas que no creen en la mala suerte, ni en fechas fatídicas. Y por eso, Manny López decidió celebrar el Día de los Enamorados en "Zu Galería", un espacio mágico que él dirige, ubicado en la Calle 8 y la 22 del Southwest, en Miami. http://zugaleria.skyrock.com/.

Además de la exposición colectiva “Paisajes de Arte Erótico,” en honor al Día del Amor y la Amistad -pinturas, fotografías, esculturas y joyas-, donde participaron artistas como Mayra Abo, Carlos Acostaneyra, Jorge Arango, Carlos Artime, Astrid Alcayaga, Juan Carlos Alcántara, Breezy, Emilio Fernández, Jorge Hernández, Rafael Carabano, Germán Guerra, Rosana López-Cubas, George Riverón, Dora Fiser, Evelio Lecour, Rosalía Riera, Cristina, Esperanza y Graveran, y muchos más, tuve el honor de ofrecer un concierto acompañada por el poeta Juan Carlos Valls, quien escogió un puñado de los mejores poemas de amor que se han escrito para leerlos esa noche.Y como en la trillada saga de “Viernes 13” -donde hay un asesino intolerante que a todo lo largo del filme va exterminando con saña a todos los protagonistas de la película-, para no quedarnos atrás, esa noche en Zu Galería también decidimos matar a golpe de buena intención, canciones y poesías algunas cosas que no toleramos.Una de ellas: la cursilería. La otra: la desidia. Y también: el falso lugar común que se empeña en afirmar que “Miami es una ciudad donde no hay espacio para la cultura".
Lamento informarles a los detractores de esta ciudad en que vivo, que no es cierto. En Miami hay para todos los gustos. Y para muestra, un botón:
Justo al lado de Zu Galeria, hay otro lugar que desmiente tal calumnia: Hoy Como Ayer, donde se presentan Amaury Gutiérrez, Malena Burque, Luis Boffil y otros artistas que viven y trabajan en Miami. Y en la Calle 8 puedes encontrar uno de los mejores lugares de Miami, The Place, donde se dan cita todos los sábados Los Tres de la Habana y hay buena comida y karaoke los domingos. Y esa misma noche, buscando donde cenar, descubrimos que la productora de teatro Beatriz Arguelles y su esposo abrieron un café que se llama Decadencia, donde todo lo que se come puede catalogarse de "exquisito". (Coral Way y la 14). Y a unas calles de Zu Galeria está el Kimbara Cumbara, donde también hay descargas los fines de semana. Y si caminas dos o tres cuadras te encuentras con Casa Panza, donde se puede ir a escuchar música flamenca y a comer paellas. Y además, tenemos los viernes culturales de la Calle 8: una explosión de comida, música y exposiciones en todas las galerías, que ese día se llenan.
¿Quién da más?
Volviendo al tema:
Gracias a Manny, a los pintores, escultores, fotógrafos, poetas, y al público de Zu Galería. Gracias a ustedes Miami ahora cuenta con otro rinconcito que desmiente aquello de que es “el cementerio de los artistas.”
Para quienes no pudieron ir, aquí les dejo unas fotos.
Luego subiré el video del evento.



FOTOS: Rosana Lopez-Cuba.





Manny López

El poeta Juan Carlos Valls

Con la pintora cubana Dominica Alcántara,

quien tiene una fabulosa obra sobre El Quijote.


Aquí les dejo una muestra:





Luna, haciendo cámara.




Mi querida amiga Nancy y Luna con cámara.


























4/2/09

HISTORIA DE UNA CUCARACHA


Cuento
Por Midiala Rosales


Soy la cucaracha, ese insecto repulsivo al que todos quisieran aplastar. Favor que nos hizo el Creador, quienquiera que fuese. Como han demostrado ser ustedes, los Humanos, es mejor que nos odien a que nos amen. Porque todo lo que ustedes aman, de una forma u otra terminan por destruirlo. Como dice el poeta del libro que he comenzado a leer y a comer: “todo el mal del mundo está en que a unos les importen los otros”. Tiene razón, esa página me gustó mucho. Lo único que podemos esperar de ustedes es la muerte, porque todos terminan exterminándonos. Ustedes son así, no soportan lo diferente. Primero matan y después preguntan si hicieron bien. A esto lo llaman Historia: una lista interminable de aniquilaciones. Entonces, ¿qué podemos esperar para nosotros? Con los únicos que podemos estar seguros es con los indiferentes, los deprimidos, los que ya le perdieron el gusto a la vida. A ellos ya no les importa la higiene. No les interesa la vajilla sin fregar, la casa llena de telarañas, los papeles del baño desbordándose del cesto. Ellos cayeron en una depresión, es decir, no tienen ganas de vivir. Como no les importa la vida tampoco les molesta convivir con nosotras y se acostumbran a vernos ir y venir entre la basura, debajo de la cama o deambulando entre las sobras de la cocina. Muchos se espantan cuando se dan cuenta de que estamos a unos centímetros de ellos, pero otros dejan que les caminemos por encima, lo que resulta muy divertido. Yo conozco cada curva, cada hueco y cada olor de los muchos que tienen en el cuerpo. Olores únicos, así como seres humanos únicos. Es una experiencia bastante estimulante. Hay algunas cucarachas temerosas que no salen del caño provinciano donde viven y no conocen el mundo. Prefieren vivir una vida segura que correr el riesgo de un zapatazo. Yo he decido vivir, experimentarlo todo. Por eso me gusta sentirlos y reconocerlos. Me intriga la naturaleza humana. ¡Qué bichos más complicados! Y realmente, es asqueante conocerlos a fondo. No sé por qué tanto prejuicio hacia nosotras. Pero así son ustedes: excluyentes, destructores, egocéntricos y cobardes. He vivido con todo tipo de personas: las deprimidas, las indiferentes y las que nos odian y limpian todo el día para no darnos tregua. En esas casas uno se muere de hambre. Casi siempre es una mujer nuestra principal enemiga: señoras llenas de hijos que los bañan, los perfuman y se pasan el día limpiando el piso, barriendo, botando la basura. Son realmente inquietantes. En esas casas una no puede vivir tranquila. Hay que estarse moviendo para no ser arrastrada por la escoba, corriendo detrás de los muebles para no ser exterminada con el detergente. Demasiada acción. También viví con los indiferentes: una pareja de hippies que se pasaban el día fumando marihuana. Todo el tiempo se reían. Tenían el apartamento más abastecido que un supermercado: comida en la sala, ropa sucia en el baño, trastos sin lavar en la cocina, basura por donde quiera. Hasta encima de la cama me encontraba panes, pedazos de queso, botellas de refrescos abiertas por todo el piso. Era un verdadero horror y un paraíso para nosotras. Pero no resistí tanta competencia. Allí vivían cientos de cucarachas y yo no soporto la promiscuidad. Por eso he preferido ser frugal y no tener que compartir la casa con tanta gente, porque esas casas son caóticas, como vuestras ciudades superpobladas. ¡Qué estrés! Soy una cucaracha austera y me encanta la soledad, así que decidí conformarme con una casa más limpia. Esto tiene su encanto y sus ventajas. Ahora vivo con un matrimonio muy tranquilo y casi me atrevería a asegurar que soy la única aquí. Es un apartamento bastante grande y aunque escasos, hay rincones estratégicos donde puedo permanecer tranquila durante horas sin andar corriendo de un lado para otro. Ella se llama Irma y él Manuel y son intelectuales, por lo que a veces me resultan un poco aburridos comparados con mis risueños hipies.
Aquí la comida que se sobra es el papel, pero yo recurro a ésta sólo en caso de extrema necesidad. Ya les dije que soy frugal, pero también lo hago porque lo único que no me perdonarían es que les coma un pedacito de cualquier página de uno de los miles de libros que tienen regados por toda la casa. Y a decir verdad, de tanto acecharlos, viéndolos horas y horas leyendo, un buen día yo también comencé a hacerlo y le he tomado afición, pues como bien dice el dicho: “dime con quién andas y te diré quién eres”. Ya he leído a Herman Hesse, las Obras Completas de Thomas Mann y casi todo Dostoievski, quien me hizo sentir mucha nostalgia de esos lugares sucios que describe y sobre todo de la buhardilla asquerosa de Raskólnikov, donde seguramente mis hermanas estuvieron muy a su gusto, aunque Dostoievski no haga alusión a éste hecho. Eso me tiene muy ofendida: el desconocimiento y la indiferencia con que nos tratan en la literatura. Siempre somos el decorado repulsivo, nunca las protagonistas. Por eso me siento reconciliada con Humberto Eco. Él nos ha dedicado páginas enteras. Que en novela de tanto éxito como “ El Nombre de la Rosa ” semejante escritor nos dedique líneas tan interesantes, me reconforta. Aunque debe admitir que la literatura me ha hecho desdichada: tengo problemas existenciales. Después de leer a Shakespeare lo cuestiono todo y me paso el día preguntándome si “ser o no ser”. Creo, en fin, que lo merezco. ¿Qué hace un ser tan repulsivo como yo leyendo Hamlet? Pero mi destino era inevitable. Ya el hecho de preferir la soledad me hacía un poco sospechosa, y ahora no resisto a ninguna de mis semejantes, sobre todo por lo incultas que son. Me he convertido en una cucaracha elitista. Mi transformación ha sido contraria a la del personaje de Gregorio en La Metamorfosis. Creo que estoy convirtiéndome en humana, algo todavía más inverosímil y repugnante. Ahora me place sentirme diferente. Ya ven, he terminado escribiendo estas cuartillas que, por supuesto, luego me comeré. Lo hago para desquitarme y matar el tiempo mientras espero a que la señora Irma se levante a preparar el té, como hace siempre que lee a Rimbaud. Entonces saldré corriendo de mi escondite, me meteré por el hueco que tiene el escaparate y le comeré hasta reventar su pantalón y su chaqueta LEE. Así me desquito por lo de anoche y si muero en el intento terminará mi agonía existencial de cucaracha que ya no sabe lo que es, si un bicho repulsivo que no merece vivir o una criatura como cualquier otra creada por la naturaleza. Comerle su ropa favorita será mi fin, pues no cejará hasta encontrarme y reventarme, pero no me importa. No quiero seguir viviendo como un bicho inmundo y he leído que existe la reencarnación. Quizás en la otra vida me toque ser una actriz o un político, entonces, ¡qué bien viviría! Hasta eso ha llegado a hacer la literatura conmigo. Me siento tan confundida que creo que bichos tan repulsivos como yo no deberían de existir.
Después del pantalón y la chaqueta le llenaré de huecos la blusa negra de seda que la señora usa en las salidas al teatro. ¡Ay, el teatro! Aún recuerdo emocionada la noche en que me quedé pegada al tacón del zapato del señor. No pude moverme porque hubiera sido el fin, así que me quedé allí, aguantándome con todas mis patas para no caer con el vaivén de los pasos. Cuando ya no nos movíamos saqué la cabeza por detrás del tacón. Al principio no supe dónde estábamos. Sólo veía cientos de zapatos. Luego, cuando mi miedo se aplacó, me asomé y me di cuenta de que estábamos en el teatro. Me quedé un rato escuchando a los actores y supe que era mi admirado Shakespeare con su monólogo de Hamlet. Ya no pude aguantar las ganas de ver y arriesgando la vida -a ver si ustedes hubieran llegado a tanto por el arte- subí cautelosa por el respaldo del butacón, merendé la seda roja, exquisita con que estaba forrado el mismo y disfruté, contenta, el resto de la obra.
Perdón, me volví a apartar de lo de sucedido anoche. Ustedes se preguntarán por qué quiero comerle la ropa a la señora Irma y por qué quiero arriesgar así mi vida, cuando vivo tan tranquila aquí. Pues resulta que anoche hubo una discusión tremenda en esta casa que me ha dejado indignada con la señora. A ella le encanta Neruda y al señor Vallejo, ella prefiere el realismo y él la vanguardia y el postmodernismo y casi todas las noches discuten acaloradamente, momento que yo aprovecho para ir en busca de alguna migaja en la cocina o algún otro desperdicio en el piso de la casa. Pero anoche fue el colmo: la señora se atrevió a criticar a mi estimado Eco. Me insulté tanto que el dulce que me estaba comiendo se me atragantó y cuando me di cuenta casi tenía el zapato de la señora en la cabeza. Luego escuché que le dijo al señor: “Mi amor, hay cucarachas en la casa, creo que debemos traer al fumigador”. Por eso, sólo estoy esperando el momento oportuno para vengarme y abandonar este mundo, pero con el orgullo de haber defendido mis ideales. Después de todo, ¿a qué más puede aspirar un bicho como yo, que no puede ser totalmente humano ni tiene la capacidad de suicidarse?

2/2/09

DESPUES DE UNA ESTANCIA EN CIERTO ABISMO

Por Midiala Rosales


Después de una estancia en cierto abismo

el animal vuelve a su árbol preferido
a una naturaleza que le sustituye

su incapacidad de pensar

comprender ciertos hallazgos turbios del hombre
que golpea el húmedo hocico de la bestia

y desata una locura acostumbrada

donde el día más fatal puede ser pura rutina

escombros escondiendo cenizas de sangre

la mano de la flor y la sien del puñal

duelo arrasando el fruto

la llaga en el hueso más diabólico
distendida la angustia

como en una fotografía donde no se reconocen

los comensales

el hedor de la sangre es pasto
en el olvido del camino

sentados a la mesa

sonrientes al vino y la carne

no deben no pueden

festejan el último signo de su desgracia.


Virtuoso que lame el mantel

nadie responde al llamado de tus ojos

amantes melancólicos se abrasan

en la espuma de la sangre

en ese fuego donde reconocernos sería una locura

intangible como lo fue mi madre a veces

y donde lloramos las hermanas debajo de la fábula.


Este ha sido un desacuerdo de familia
Desde siempre estuvimos obligados a salvar

y no hicimos más que cepillarnos los dientes
con el filo escabroso de la Historia.

Así limpios y relucientes

desollamos las banderas
y el primer grito nos espantó

y al segundo
lo adoptamos como a un hijo pródigo
encontrado en la selva.
Construimos mamparas de barro allí donde

debimos poner un tronco que nos cobijara.

Nadie reconoce lo sagrado

Están con su cáncer escondidos en un automóvil
contemporáneos como la soledad

dispuestos a vender sus desacuerdos

y a no trazarse ningún camino común

Después de todo
el mundo pasará como la moda

Vivir es un acto impúdico
que ninguna criatura subestima.



26/5/08

CARTA A CUBA

Por Midiala Rosales Rosa

Cuba, no les creas a quienes dicen amarte y se hacen cómplices en tu suelo con los ultrajes que no admiten en sus patrias. A los que te quieren como un faro, aunque no conduzca a ninguna parte.No les creas, Cuba, a quienes admiran tu decrepitud de otros siglos y contemplan encantados, desde la lente de sus cámaras fotográficas, tus calles heridas, tus edificios derruidos, tus autos de otra época, tus falsos atardeceres apacibles retocados por estafadores para los amantes de las postales.
No les creas a aquellos que alaban la alegría de tus hijos, sin reconocer la desesperación y la tristeza que esconden sus sonrisas, la incertidumbre y la angustia por un pasado que hipotecaron, confiados en la garantía de un futuro que ya nunca llegará.No les creas, Cuba, a quienes admiran tu miseria, mientras disfrutan en sus países las comodidades de una vida moderna. No les creas a quienes dicen amar a tus bellas mujeres y después las compran baratas en tus calles, alabándolas por su cultura.
No les creas, Cuba, a aquellos que no quieren enterarse de que tus hijos no pueden hospedarse en tus hoteles, viajar fuera de tus límites de agua, navegar en tus playas, volar en tu cielo.
No les creas a quienes pregonan que eres el mejor país del mundo, pero te soportan sólo por unas semanas durante el tiempo de verano, con los suficientes dólares en sus carteras para costear tus lujos exclusivos para extranjeros.
No les creas, Cuba querida, porque tú mejor que nadie sabes que ninguno ha escogido sufrirte en tiempos de huracanes, con tu moneda nacional y tus miserias cotidianas. Son charlatanes y están de paso: no te conocen ni te sienten, ni te han sufrido más que en sus fantasías ideológicas, ni te necesitan más que para sus desafueros, para la diversión y la juerga, como los infieles a sus amantes.
Pobre de ti, Cuba, si les crees a quienes se autoproclaman amantes de la libertad y se arrogan el derecho de alabarte en tus plazas con discursos altruistas, mientras tus hijos son condenados al silencio de una celda oscura.
Y salva, Cuba amada, a los que están en el mar desamparados. Sálvalos de la cólera de las aguas. Envíales tu Virgen para que los guíe a tierra firme. Mantenlos a flote con la más compasiva de tus olas. Están a la deriva y no entienden que mañana probablemente serán una estadística en las planas de los periódicos. Cabalgan sobre las aguas ilusionados, sin saber que en ninguna orilla encontrarán la libertad total ni la riqueza perfecta. No entienden que la estrella de la Libertad se apagó el día en que tus hijos comenzaron a mirarse con desconfianza, a temerse y a matarse los unos a los otros.
Y nunca, Cuba, vuelvas a permitir que alguien grite Revolución y decrete por ley tu inmovilidad. ¡Como si fuera posible hacer que se inmovilizaran tus vientos huracanados! ¡Como si la inmovilidad de cualquier cosa, de la misma piedra aparentemente inmóvil, fuera posible sin ser un crimen contra la naturaleza! ¡Tú, que más bien parecieras una gran balsa flotante sobre la corriente inmensa del océano! Declararte inmóvil es declararte muerta y eso, Cuba, nunca sucederá.
No les creas, Cuba, a los que tienen miedo. Perdónalos, pero no les creas. Y cuídate de ellos, porque tú mejor que nadie sabes lo peligroso que son los hombres cuando tienen miedo.
Perdónanos, Cuba. Perdóname. Y no olvides nunca el daño que te hemos hecho con nuestros silencios, complicidades y arrepentimientos.
Perdónanos por haber dicho sí cuando debimos decir no, por decir no cuando debimos callarnos. Perdona a los que te abandonaron y también a los que permanecieron junto a ti.
Perdona a quienes contemplan indiferentes la enfermedad que te corroe.
Perdona a los que vuelven estériles tus suelos, ensangrientan tus aguas,
arrasan tus bosques, trafican y malgastan tu riqueza.
Perdona a aquellos, hijos tuyos también, que se ensañaron con sus hermanos, estigmatizándolos y expulsándolos de sus casas, de sus vidas, de ti.
Perdona a los que esperan en la sombra la hora de la venganza.
Perdona a tus hijos, Caín y Abel, porque nacieron ambos del fruto de tu vientre. Y ruega con toda tu fuerza para que desistan de sus crímenes.
Hazles saber, Madre Nuestra, que todos tenemos derecho a una vida mejor, en libertad, bajo la sombra apacible de tus palmeras.

hola

Hola:_ Por casualidades del destino descubri tu blog y quede con dolor en la boca del estomago al leer la historia repetida de todos nosotros, vivo en Chile hace 12 años, estoy aqui en el fin del mundo, donde mi mama que aun vive en Cuba, dice que se imagina que nosotros estamos aqui abajo de cabeza colgados del planeta tierra, aca no llega nada que nos alimente nuestros recuerdos y nuestras añoranzas asi que estoy descubriendo una nueva forma de volver actualizarme sobre mis raices. Soy contemporanea contigo naci en 1965 y cuando lei Ser o tener, me vino a la memoria mi juventud,mis habilidades no van por la literatura, pero espero algun dia contar mis historias y las de tantos como nosotros a alguien que las pueda escribir para que sean conocidas. Cuando lei lSer y Tener la parte de los huevos que hacia tu mama a toda hora, me acorde de una vecina que vivia en la otra cuadra de mi casa (esto es real), un dia llego del trabajo y la hija le pregunto - ¿mama que vas a cocinar hoy?, ella dijo- Arroz, huevo frito y va que chila. y la niña contesto _ a mi me das arroz con va que chifla, porque huevo no mas, o de mi sobrino cuando llego en el año 1991 a chile con 11 años y le preguntaron cual era la comida tipica cubana y el contesto que el arroz y el huevo frito. Bueno, espero tengas la oportunidad de leer estas letricas de una cubana en el fin del mundo con añoranzas dejadas por los caminos, Gracias por hacerme regresar a las sandalias de la Catedral hechas con gomas de camion, o a los años 80 cuando lo del mariel, yo estaba becada en Batabano, el pueblo completo de surgidero de Batabano se fue y casi todas mis compañeras se fueron. Saludos desde lejos y si algun dia visitas chile la puerta de mi casa esta abierta.
Con Cariños Gisela.